sábado, 1 de diciembre de 2012

Esos a los que tu llamas personas






me parecen seres de otro planeta.
Cuerpos hechos de otra materia.




Quizá sea verdad eso de que el hombre creo al diablo a su imagen y semejanza.



Solo de la maldad del hombre puede surgir la crueldad extrema que vemos cada día en nuestros televisores.


No es tiempo de ser cínico.


Pero con el paso del tiempo el cinismo es lo único que nos diferencia de esas personas.


Que nosotros sabemos que detrás de la esencia humana no solo se esconde la bondad mas excelsa sino la mas creativa maldad.



La mas elaborada forma de hacer daño.



Admitirlo no es ser cínico, es ver la realidad tal cual es desprovista de mentira o engaño.





A veces veo en mi propia especie algo errático y repugnante.

Algo imposible de identificar como propio.


Los mismos animales que creemos gobernar con nuestra inteligencia muestran mas ternura y calidez que el propio ser humano.


Los mismos animales que creemos gobernar con nuestra inteligencia poseen algo que pasamos toda la vida buscando sin saber que nos fue arrebatado nada mas nacer.


La inocencia.



Por eso tal vez los que mas sufren en este mundo sean los animales y los propios infantes.

Por cruel o triste que parezca.


Porque este mundo no se asienta sobre la inocencia, sino sobre la falta de ella.






Ser humano se basa en carecer de inocencia.

Mientras el sol se colaba por la rendija de la ventana






recordaba con calma y placidez un momento exacto de su vida.
Era extraño como la memoria había rescatado aquel momento de repente en un día como aquel que tenia la catástrofe como enunciado.
Pero le gustaba evadirse en el mientras simulaba mirar hacia la persiana solo para evitar el contacto de los ojos de Annika que la observaban llorosos y llenos de dolor.
La culpabilidad la carcomía cada vez que le apretaba la mano.
Al fin y al cabo eran los que se quedaban los huéspedes perfectos de aquel dolor que ya se volvía extinto y marchito.

Había pensado en aquel día cada minuto de su vida pero ahora que lo vivía no parecía experimentar aquel terror sobrenatural y aquella nausea asfixiante que siempre había imaginado como propios.

Mas bien experimentaba una sensación de calma y placidez, de tremenda paz interior.

Como si su cuerpo y su mente fueran una esponja que hubiera sido cargada de sentimientos para luego estrujarse y poner a secar al sol.


No experimentaba sensación alguna.


Annika la miraba confusa, probablemente creía que había sufrido alguna alucinación.


Se solía decir con bastante frecuencia que las personas que experimentaban una situación similar sufrían todo tipo de alucinaciones antes de expirar.


Lo pensaba pero no lo materializaba con palabras.

Porque Annika siempre había sabido que lo que marca el inicio o el fin de una vida no lo producen las veces donde uno toma aire y respira sino las palabras y los silencios..


De repente algo insólito ocurrió.

No vino precedido de un frió glaciar ni tampoco de una sensación de pánico absoluta.
Su llegada se produjo sin mas inconveniente que el del que llama sin pedir permiso.

No sobrevino ninguna sorpresa en ella pues llevaba esperándolo desde que tenia uso de razón.
Si bien su relación se había basado en la indiferencia y el  rechazo mutuo siempre había existido un tipo de curiosidad innata de la que ambas habían disfrutado.

Pero no fue hasta ese día en el que cayo en la cuenta de ello.


Lo supo cuando observo su semblante de cerca y recordó un momento preciso de su existencia que creía olvidado.



No contaba con mas de doce años cuando su abuelo murió.
Aquel hombre bonachón y sonriente que siempre le regalaba dulces y solía mostrarle dibujos de acuarelas de repente se había convertido en un cuerpo frió e inerte.
Ella fue la primera en descubrir su cuerpo en la sala de estar.
Acababa de llegar de clase y fue a recibirlo.
Quería entregarle un dibujo que llevaba haciendo semanas y que había terminado en el colegio.
Al entrar no noto nada raro. Su abuelo estaba sentado como siempre en la gran butaca mirando hacia el suelo.
Sin embargo había algo extravió en su mirada. Un pequeño detalle que la inquietaba. Se acerco a el para enseñarle su gran obra pero cuando lo toco y chillo en su oído no obtuvo respuesta.

No le hizo falta permanecer mas tiempo a su lado.

Se marcho a su cuarto y se encerró sin decir nada a nadie.


Entonces la vio por primera vez.

Huidiza y siniestra acababa de abastecerse de la carne de su victima y ahora buscaba algo que no podia obtener, el espíritu.

Supo que la observaba pero decidió armarse de valor y comenzó a desnudarse.

Se quito prenda por prenda con seguridad y sin el menor signo de pudor.

Quería que contemplara aquel cuerpo joven y cargado de calor y sintiera un dolor inmenso.

Quería que sufriera por no poder poseer el control de algo tan frágil y vulnerable.

Pero su maquinal actitud fue algo que no comprendió en aquel momento en el que no podía mas que envolverse entre las sabanas y llorar a lagrima viva.

Aquel día sin embargo se volvían a encontrar.

Ella se mostraba fría e inalterable como siempre. Apenas había cambiado. Todo en su ser continuaba siendo estéril y falso. Ni siquiera la intensidad que robaba la hacia portar ese halo de vigor que otros presentaban solo con una mirada.
A pesar de los años no se había vuelto majestuosa o imponente.
Ella, la mas temida de cada narración infantil. La que llenaba a los niños de miedo y les provocaba el llanto al nacer ahora se cernía como un simple parásito y lo efímero de su cuerpo se revelaba como su guarida.

La tomo de la mano y supo que por mas que tomara aquel cuerpo nunca habría vencido.

Debía ser un duro revés no verla llorar, implorar u orinarse encima.

Pero hacia tiempo que había dejado de temerle.

Aquel cuerpo había muerto y renacido miles de veces.

Lo que se llevaba solo era la cascara, el material del que creyó estar hecha un día.

Lo mas importante ya había perecido.



Por eso sonrió cuando su mano hecha de humo envolvió la suya para tomar por fin cuerpo.

Porque ella lo tenia todo mientras la otra carecía de complejidad.




Porque mientras la vida la había convertido en el personaje central que desarrollaba una obra, a la otra solo le había sido encargado subir o bajar el telón.





Sin pasión, sin fuerza, sin rabia.


Sin aplauso final.





martes, 27 de noviembre de 2012

Yo también tuve un maestro





Alguien a quien seguir ciegamente.
Alguien que me cambio de arriba a abajo y me hizo olvidarme de lo que era.
Alguien que jugo con mis sentimientos y me hizo analizar los porque de las cosas.

Nuestra relación nunca fue algo estable e idílico.
Tuvimos encuentros y desencuentros fatales.

Mi mejor maestro se llama vida y me ha enseñado todo lo que se a base de hostias.

No hay otra.

A golpes era la única forma de aprender.

Por eso no me tengas por una cínica , ni me confundas con una ilusa.

No esperes de mi algo sorprendente pero tampoco te limites a encontrar en mis manos un cumulo de nada.

Vivo de la incoherencia y el caos de mis propias ideas pero en el fondo aunque ni siquiera lo percibas mi mecanismo de actuación es mucho mas simple que lo enrevesado de mis ideas.

Si me das una sonrisa , abandonare mis muecas de asco y te regalare una mirada optimista.
Si me das un abrazo no volverás a sentir que tus brazos son la mejor extensión de fortaleza que posees.
Si me quieres te querré a rabiar.
Sin lógica, sin moral, sin tiempo, sin desperdiciar ni un solo segundo.
Pero si me apuñalas por la espalda mi golpe sera brutal.
Si lo que me das es odio recibirás desidia y rencor.

Si intentas golpearme una sola vez prepárate para besar el suelo.

Y si juegas a usar tus palabras como arma mortal contra mi, mis palabras te envenenaran cada bocanada de aire que respires.

Si me tocas un solo pelo te destrozo.

Soy justa con los que son justos conmigo.
Doy amor a los que me dan afecto y soy implacable con los que deciden inmolarme en sus cruces de tela de araña.


No busques mas lógica en mi.

Tal vez esperar algo de otro solo por dárselo es una opción poco factible en el día a día.
Pero no me trago ese discurso que muchos enuncian de memoria de que donde no hay nada que ofrecer no hay nada que dar.

El puto mundo no funciona así.

Somos lo que ofrecemos al resto del mundo. Y vivimos justo de lo que damos.

Cada acción provoca una reacción y cada cosa que hacemos por los demás acarrea sus consecuencias.

No puedo observar a los demás directamente como enemigos mortales.


No puedo ser fría o calculadora aunque me lo proponga.

Cada vez que he intentado revestirme de hielo lo he quemado una y otra vez con el material inflamable del que están hechas mis propias pasiones.
Mis demonios son superiores a mis santos.

Y si dices que soy fría es que apenas sabes nada de mi.

Todo lo que me des te lo devolveré con creces.

Amor,odio u esperanza.

Puede que sea una manera descerebrada de actuar pero no conozco otra manera de enlazar mis movimientos.

Hace tiempo fui una de las que enrolaba una bandera con el gris de la vida como lema.

Es bonito decir que no buscas nada en la vida o en las personas.


Pero no seguimos vivos por la desidia.


Nos impulsan los cambios.
Nos levantan de la cama las veces en las que creemos en los demás.
Somos los momentos de esperanza que dejan a oscuras todo el dolor del mundo.


Prefiero que la pasión me mate a que la inercia me destroce.


Si he aprendido algo de la vida es que constantemente tengo que superar mis limitaciones.


Superarme a mi misma.


Olvidarme de las reglas y desligarme de lo aprendido.


Es bueno tener barreras con los demás.
Siempre y cuando esas barreras no te dañen.

Al fin y al cabo todo reside en hacer daño.
En dejar que te lo hagan.

La vida esta hecha de eso.


Quien huye del dolor y del sufrimiento , de las decepciones y de los golpes de la vida.
Acaba por aislarse del amor, de la ternura y de la gracia de vivir.



Es bonito creer que somos superiores a todo eso.
Respaldarse en la experiencia para simular la cobardía.


Yo misma lo he hecho durante muchos años.

Tal vez demasiados años.


Pero nunca se me ha dado demasiado bien ser una cobarde.




Si la vida se empeña en ser mi maestra yo le rebatiré cada golpe mostrandole que ante todo soy su mejor alumna.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Observa al niño mientras hojea su libro







El pequeño ha hundido sus manos en la arena y suelta una risa sonora y risueña.
Sus ojos brillan con el sol y se mueve indeciso y temeroso.

Comienza a colocar montones de arena sobre otros con mucha destreza mientras unas gotas de sudor caen sobre su menudo cuerpo.
Sus ojos están concentrados en ese montón de arena y no puede parar de preguntarse que debió de sentir el al erigir su primer castillo de arena.
El niño cada vez parece mas interesado en su actividad y pasa horas hallando dependencias y formando nuevos niveles.
Ha creado una pequeña muralla defensiva, y tal vez unas altas torres.
Mientras da forma a la arena comienza a emitir vocecillas de frenesí.
Su ímpetu le hace sonreír y su ilusión le transmite una sensación placentera.


De repente una pierna traviesa derrumba la inmensa montaña de arena deshaciendola en sus dedos.
Una pareja de niños corre enérgica a través de la playa sin pararse a mirar por donde pasa.
El hombre se sorprende abandonando su lectura y enfrentándose a los niños mientras el pequeño fija su mirada en el castillo destrozado y rompe en sollozos.

Los niños intentan excusarse entre risas ahogadas y frías miradas impasibles.
Al poco rato desaparecen entre la gran multitud que camina de un lado a otro para llegar a algun rincón de la cala.

Coge al pequeño en brazos y intenta calmarlo pero todo es en vano.
El mismo se encuentra alterado de sobremanera.


Nadie entiende nada.
Nadie comprende nada hasta que no pierde el objeto en el que invierte mas tiempo.
Es esa sensación tan humana de dejar huella que ciega a todo el mundo.
Esa necesidad de hallar la perfección en algo o en alguien.

La ilusión que se invierte en hacer surgir algo tangible de la nada.

El tiempo que se dedica en comprender que todo lo que ha sido creado, ha de ser también destruido por la erosión del tiempo.

Y busca con sus ojos los del pequeño para tratar de hacerle comprender la fugacidad del tiempo y lo efímero de la vida.
Pero sus pequeños ojitos antes llenos de vida, se han cerrado del cansancio y el sopor del disgusto.


Mañana apenas recordara el incidente y sus ojos curiosos buscaran otro lugar donde hallar eso que sin saber ha perdido tiempo atrás.

Se sienta sobre la hamaca con su pequeño y caluroso cuerpo encima mientras observa a los pequeños vándalos correr.


La vida transcurre a base de esos pequeños momentos donde uno descubre que los sueños y las metas no son mas que arena que se nos escurre entre los dedos.
Y nadie parece percatarse de ello hasta que es demasiado tarde porque aunque no lo sepan todos hallan la perfección en el esfuerzo y el tiempo invertido.
Aunque el objeto sobre el que dedican tantos minutos de dedicación sea algo de una belleza que se pierda en segundos.


Porque tal vez aunque ni el mismo lo comprenda, en eso consista levantarse cada mañana.





Y con esa sensación deja el libro y se sumerge en el mar con el niño.

Dejando que las gastadas olas produzcan el efecto de las letras sobre su cuerpo.
Helando sus huesos con la única intención de alejar de sus cuerpos el calor.


Haciendo que las gotas de agua produzcan múltiples sensaciones sobre sus pieles que luego se evaporaran con un rayo de sol.

Como un grupo de letras prestadas.

Como la propia vida.

Como la nostalgia, lo vivido y el recuerdo.


Pero ahi algo que el tiempo no puede destrozar.




La perfección de vivir con intensidad cada segundo.



Por eso cuando el niño vuelve a abrir de nuevo los ojos solo lo invade una sonrisa.



jueves, 22 de noviembre de 2012

El día de su decimoséptimo cumpleaños



Antes de bajar a encender las velas y a recibir felicitaciones de familiares y amigos quiso retocarse un poco el peinado.
Se miro en el espejo y descubrió que estaba sangrando.
El pánico se cebo con ella y por mas que intento explicarse el origen de aquellas heridas no tenia ni un solo recuerdo del dolor que debía haberle producido hacérselas ni de el motivo por el cual ocupaban su cara que anoche era inmaculada y apacible.
Quiso esconderse el rostro con un pañuelo pero comprendió que seria inútil.
Debía bajar al salón que ya estaría envuelto en el jolgorio y el bullicio del feliz acontecimiento.
Su madre habría decorado una de esas tartas enormes que hacia siempre que el cumpleaños de alguna de sus hijas se aproximaba y la sala estaría decorada sobriamente.
Pensaba llamar a la criada para que anunciara a los invitados que la fiesta se posponía pero seria tan cruel desbaratar todos aquellos planes que la idea se fue de su mente con la misma rapidez con la que vino.
Mientras pensaba que excusa poner para explicar el mal estado de su rostro descubría que su cuerpo vibraba de dolor cada vez que bajaba un escalón.
Algo la hacia tambalearse y no encontraba paz o calma posible para aparentar mas entereza.

Cuando llego al salón descubrió algo insólito.

 Aquel lugar estaba  completamente vació.

No estaban los músicos amenizando la velada con una de sus sinfonías  ni tampoco su madre sonriente y esplendorosa con un grupo de vecinos, sus amigos tampoco habían llegado todavía.

Todo era demasiado extraño.

Pero lo mas caótico de todo era que su mente estaba llena de recuerdos que no le pertenecían.
Ocurrió de repente, sin previo aviso.
Callo al suelo y se retorció de dolor mientras los recuerdos se acumulaban en su mente como los rostros de los desconocidos se amontonaban en un album que había dejado de pertenecer a un individuo concreto.
Quiso gritar que ella no era aquella mujer pero cuando intentaba formalizar su deseo en palabras le parecía estúpido intentar argumentar que no era la persona de la que estaban hechos todos sus recuerdos.

La casa lujosa, los vecinos sonrientes, la madre apacible, los amigos expectantes.
Todo le pareció un cuento, una imagen mental que había proyectado sobre si misma.
Alguna historia extraña que había leído en algun libro.



Los recuerdos anteriores desaparecieron y solo quedo aquel extraño desfile de desconocidos en su mente que la hacían sentirse una extraña en su propia morada.

De repente alguien toco la puerta.

Un rictus de pánico le atravesó la cara y comprendió que el siguiente paso seria decisivo.

Debía elegir entre dejar entrar en su vida a un completo desconocido o volver a aquel estado anterior que invadía su mente y que ahora solo le parecía una ensoñación.

Aunque con pavor fue aproximándose hasta el pomo y una vez abierto un extraño cortejo lleno la sala.

Las llorosas mujeres vestidas de negro imploraban a dios por robarles un cuerpo infantil y los hombres corpulentos portaban un féretro.
Bastaba elevar un poco la mirada para ver el rostro del difunto a través de la cubierta de cristal.
Aquella desconocida tenia su mismo rostro armónico y blanquecino.
No era otra sin duda , incluso parecía tener el nombre que ella siempre había querido poseer.

Pensó que era un simple fantasma y se quedo un rato perpleja observando aquel cadáver hasta que unos ruidos en las escaleras la despertaron y todo el cortejo fúnebre miro hacia aquel rincón.

Gloriosa y reluciente una muchacha con su mismo rostro y cuerpo bajaba las escaleras mientras todos la miraban reír embelesados.

Era como si su mente se hubiera quebrado y los pedazos se le estuvieran incrustando en los pies.

Se sentó en una butaca para intentar calmarse y observo que una mano se entrelazaba con la suya.


El.


El hombre que había observado en primer lugar al abrir la puerta se dirigió a ella:


-Estés donde estés, siempre sabre encontrarte. Siempre sabre quien eres.


Una mirada de ardor prendió en sus mejillas y la observo totalmente anonadado.

Hubiera querido preguntarle quienes eran aquellas muchachas que tanto se le asemejaban.
La que estaba postrada en aquel féretro y era despedida por amigos y la que ocupaba el lugar central de una celebración pomposa y excéntrica.

Pero callo y retuvo su mano con la suya con recelo.


Pensando que tal vez lo extraño fuera aquello.

Que lo erróneo fuera conocer, conocerse.

Y que lo único verdadero fuera creer que todas aquellas posibles vidas podían morar en un mismo cuerpo.

Pero siempre le había resultado deprimente encontrar errores en los cuentos y historietas en los que siempre había creído.


Porque la propia cordura consistía en creer en la  locura de lo individual por si mismo.

Porque tal vez ser real se basara en admitir que lo individual existía tan solo por una unión de lo colectivo.




Pero admitir aquello le parecía demasiado terrible.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Tal vez nuestro sitio no sea el cielo


con sus infinitas posibilidades y sus recompensas efímeras.

Tal vez nuestro sitio no sea el infierno.

Con sus dudas eternas y sus culpas injustificadas que la memoria tiñe de recuerdos.

Tal vez el único lugar sea este.

Incierto, variable, inhóspito, a veces cruel y otras alentador.

Tal vez este limbo sea lo único cierto entre tantas acuarelas azules buscando  tonos calmados y placidos y rojas llameantes que pretenden indagar en la textura del mal.

Y tal vez este cielo que truena y nos cala los huesos de gelidez para luego regalarnos un par de caricias cálidas en la piel sea el único cielo posible al que acceder.

Y tal vez esta tierra que es sepultura de huesos, ideas y patrias sea el único infierno posible.

Y quizá lo único que podamos hacer es volar.

Lo mas lejos posible.

Y intentar buscar nuestro pequeño edén entre tanta incertidumbre.

Imitar a los pájaros y volar.

Aunque desorientados y frágiles, pensativos y confusos.

Porque al volar dejamos en el firmamento la mejor huella de que seguimos vivos.

Y que esta tierra que tanto resta y tanto absorbe todavía no nos ha consumido.

Que todavía podemos elevarnos sobre nuestras miserias.


Basta el coraje con el que se impulsa una pierna hacia el vació y  entonces todo habrá valido la pena.



Porque todo el miedo , el dolor y la angustia habrán desaparecido.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Es triste empezar de nuevo

cuando todo lo que te rodea es viejo y tiene un regusto a nostalgia mal definido.
Cuando por mucho que intentes pintarlo todo de colores , el gris lucha por engullirte es su particular visión del universo.
Pero yo nunca he sido de las que se dejan amedrentar por un revés de la vida.

Nunca pensé que fuera a echar tanto en falta la presencia de algunas personas en mi vida.
Pero el caso es que ellos ya no están.
Y debo de encontrar el modo de ser feliz sin su presencia.


Porque solo tengo una vida.

Y nada ni nadie me va a hacer desperdiciarla.