domingo, 28 de septiembre de 2014




Que aunque algunos nos rompan y nos mutilen el alma hasta reducirla a pedazos siempre podremos encontrar al que escuche paciente todas nuestras fisuras hechas palabra con la ternura de una mirada cargada de apoyo.
Que aunque algunos nos dejen en la cara una mirada vacía y en la mente un montón de cuchillos atravesando nuestras ilusiones siempre estarán aquellos que nos tenderán la mano ofreciéndonos una parcela de su ser en la que podamos escapar de nosotros mismos por espacio de unos minutos.
Es difícil. No existen con tanta frecuencia como deberían las buenas personas.
Son accidentes que la reproducción no elabora con demasiada maestría ni empeño.
Y los que mas creen en su condición de redentores del pecado y el dolor ajeno son los que suelen tener mas crueldad adherida en el fondo de su ser. Los que con mas empeño se emplean en torturar la paz y compostura ajena.
Sin embargo ahi que creer todavía en esos pequeños accidentes en forma de seres humanos que de cuando en cuando usan su sonrisa como puente para conectarnos con esta vida y alejarnos de todo lo nauseabundo que vive y se esconde bajo buenas palabras ahi fuera.
Aunque ellos mismos estén tan rotos como aquellos a los que intentan pegar los pedazos.
Porque en el fondo los que luchan contra esa miseria y degradación esconden bajo sus pestañas retazos de lo que ahuyentan.
Y a menudo ese recomponer las alas de los que aun no han aprendido a volar debidamente es lo unico que da fuerza y entereza a sus pasos, creando con los movimientos que describen las alas de estos en el cielo un mensaje que vale la pena leer para poder inspirar sus mañanas.


sábado, 20 de septiembre de 2014

Cuando mi mente se convirtió en un gato vagabundo que vivía de restos de ideas extrañas que emergían con el viento





Me dolía el roce de su mano como si el mero hecho de tocarla fuera tan doloroso como el influjo de una llamarada que abrasa la piel en carne viva.
Observaba de lejos como en una ensoñación el cortejo que me parecía que caminaba hacia algun lugar seguro y esa mano aferraba la mía como demandando algun tipo de alianza  secreta que sirviera para engañar al tiempo. Pero esa masa que se alineaba en torno a mi figura mas que de seguridad dotaba a mis piernas de flaqueza.
Aunque en aquella época yo era demasiado débil para ver el reflejo de mis pies en el lado contrario de la carretera y tal vez por eso me aferraba a aquella mano con candor y insistencia. Aunque aferrarme a ella supusiera quemarme y aunque ello solo me aportara cicatrices que en el firmamento de mi espalda describirían siempre historias.
Un día sin embargo me perdí. Lo recuerdo todo perfectamente. Alguien soltó mi mano o la solté yo de imprevisto. El contacto cálido y seguro me dejo helada de pies a cabeza. Y sentí como mis pasos se acortaban y mi corazón preguntaba con una voz demasiado alta a mi cerebro que era lo que había ocurrido.
Me perdí y solo respondían mis pies que se alzaban desafiantes frente a mi temprana racionalidad.
Entonces yo no lo sabia pero me había alejado del sendero. Me había alejado tanto del sendero que cuando quise aproximarme de nuevo el grupo había quedado reducido a sombras y lo unico que podía hacer era correr, correr, correr mas deprisa que mi pensamiento y sabotear sus planes.
Mientras tanto florecían en mi mente extrañas ideas que se mantenían con vida en un terreno virgen e inexplorado, donde nadie había pedido aun soberanía.
Florecían como las malas hierbas con obstinación y rebeldía, con un tipo de belleza caduca que solo pueden comprender unos cuantos.
Crecían frágiles y custodiadas por un cortejo de extraños pajarracos que se disponían en el cielo formando una extraña nube negra intentando en vano rapiñarlas al confundirlas con objetos relucientes de incalculable valor.
Y yo corría, corría, desamparada y libre por fin, libre de esa mano que me prometía calor sin decirme que mi mano estaba hipotecada con el fuego y que el precio era arder por dentro hasta quedarse vació como una de esas estufas de leña que un día se averían en pleno Invierno. Y uno no sabe con que calentarse el alma por que la tiene helada y maltrecha. Porque le ha anidado en el esternón Enero y no se ira hasta que no recobre fuerzas.
Y corría, corría temiendo la sacudida de mis propios pasos pero dejándome guiar por el viento.
Y mis compañeros eran aquellos gatos callejeros que aullaban sin piedad a la luna como queriendo acuchillarla con el perforador sonido de sus voces, por ser amiga ingrata, por estar tan cerca y a la vez tan lejos.
Y mi única amiga fiel era esa luna a la que dirigía mis plegarias de pecadora y que sin embargo seguía brillando para mi y dibujando en mi cuerpo desnudo contornos.
Porque yo ya no necesitaba las ropas de ellos. Su fe, su credo, su estúpido partido, su amor y odio envasados al vació.
Estaba sola, estaba sola. Me había perdido.
Y justo cuando iba a desistir en mi busca, mis pies se pararon de súbito para mostrarme mi figura escondida en una esquina pero yo ya no me pare.
Seguí corriendo, seguí corriendo.
Como si esa no fuera yo. Como si solo fuera un reflejo.
Y el verdadero yo siguiera perdido, vagabundeando por esos callejones.
Esperando llenarse de besos, de hastió, de sueño.
Esperando su momento.

sábado, 16 de agosto de 2014

Ser mujer





Han cubierto mis atributos con vergüenza, alejándolos de la mirada ajena.
Sumiéndolos en el desprecio y la ira. Me han concedido el pecado original revistiendo mi belleza con la maldad de una serpiente que se esconde tras una manzana prohibida.
Han creado la historia haciendo que ocupara un lugar secundario.
Apartada, ignorante, fácilmente prescindible.
Han dejado la mirada como unico testigo de una lujuria latente, como unico exponente de mi sexo, de mi ser, de mi esencia.
Me han vejado por querer explorar mi cuerpo como un valle donde baila una ninfa. Me han convertido en un objeto de deseo escondido tras un montón de clichés, tras un montón de preguntas sin respuestas, tras un montón de miedos velados por ignorancia.
Han elevado las iglesias con el unico y autentico amor por sus dioses.
Cuando yo doy la vida. Cuando yo me abro de piernas hacia una nueva existencia. Cuando mi grito desgarrador es el unico principio y el unico fin de sus días.
¿Cuando habrá un templo a la mujer?. ¿Cuando se elevaran pilares alabando su dignidad, su belleza, su claridad y su locura?.
¿Cuando la mujer sera el dios, el unico y verdadero dios  al que se reza?
¿Quien rezara por todas esas mujeres?, ¿quien llorara por ellas?
Por las infieles, por las perdidas, por las libidinosas. Por las que evocan con firmeza su sexo sin necesidad de condenar a la lujuria y erotismo a una sola mirada.
Nadie llorara por ellas. Por las que esconden tras el habito la infelicidad. Por las que nacieron bajo el sino de la religión que en nombre del amor no hace otra cosa que odiarlas por todo lo que representan.
Vida, amor, exceso, sangre, muerte, sexualidad, esbeltez.
Las han ocultado a ellas, a las verdaderas bajo la sonrisa o la mueca de las madonnas, bajo la inmaculada concepción de una pureza inexistente que ensucia todo lo que representan.
Cuando la única pureza es alabar lo que vive en estado puro, sin edulcorar.
No las quieren desnudas mas que en su cama, no las quieren libres mas que con sus cadenas.

Yo también he sido apedreada, violada, vendida al mejor postor, ultrajada por la historia.
Dios me ha convertido en su puta en mil y una lenguas.
Yo odio a la religión, odio a dios, odio a todo lo que obligue a alguien a igualar la belleza de una obra con la firmeza de ponerse una cadena. Yo soy todas ellas y odio todo lo que odie su belleza. Ante un odio tan grande y latente solo cabe el odio. La firmeza de un sentimiento exige la firmeza del otro.

Inadvertido




La vida es un dogma que se aferra a mis pies instándolos a compartir comunión con la tierra.
Pero yo tengo la vista fijada en el cielo. En el amplio y azul cielo. Y solo busco cosas que me ofrezcan romper esa absurda comunión que une mi cuerpo con los que lo alquilaran cuando yo ya no pueda ni deba pagar esta terrible hipoteca.
Siempre ha sido así. Siempre he buscado en lo ideal y lejano ese barco en el que embarcar cuando el camino este lleno de obstáculos. Cuando el camino presente lo cercano y admisible como lo unico a lo que se puede aspirar.
La anatomía no me dio unas alas con las que poder surcar mares y atravesar estrechos.
Pero me basta cerrar los ojos para poder volar y mis letras son las alas que me hacen elevarme sobre las miserias y la absurda dictadura del presente.
Así que vuelo.
Vuelo sobre ti. Vuelo sobre ellos. Sobrevuelo sobre mi propia vida.
Y las veces en las que caigo, las veces en las que mi cuerpo se queda fijado a la tierra solo me recuerdan que debo volar mas alto, que debo volar con mucha mas fuerza.
La vida es un dogma que me insta constantemente a presentar mis plegarias pero yo no creo en el modo de vivir que me propone.
Yo no creo en sus sistemas y en sus modos de clasificar a la gente y las relaciones.
Yo vivo bajo mi propia norma, mi propia ley.
Me basta mi aliento y mi palpito como únicas creencias.
Nunca me conforme con la  única brújula que mis pies ofrecían.
Lo que me hace inmaterial  y etérea es lo unico que le da solidez a mi presencia.
Sin eso  que para los demás pasa inadvertido y no representa nada para mi sin embargo el dia a dia no mereceria la pena.

Y conjurarte...

Jugar al escondite con las horas.
Hacer el amor con la poesía.
Levantarse con una maraña de aves que sueñan con el infinito enredadas al cabello haciendo un nido imposible de especulación.
Soñarte con la intensidad de una mirada.
Salvarte con una palabra.
Recrearte. Hacer de tu furia una herida que se sana con palabras.
Que como besos cubren la flaqueza, la miseria, el hedor, la agonía.
Que como besos nos salvan del horror del día a día.
Y nos pudren, nos pudren por dentro como una clase de larvas que se alojan en nuestra limitada valentía para  aniquilar y generar casi a la vez  una extraña y nueva forma de vida.

Rebelión.





Todo ocurrió de un modo precipitado y repentino.
Se coloco la pistola en la frente y con una calma inaudita presiono el gatillo.
Un profundo silencio reino en la habitación. Todos los ansiosos ojos lo miraron con expectación y una mezcla de miedo y admiración. Su mujer tenia una palidez enfermiza y se había tapado los ojos en un intento desesperado por ahogar las lagrimas.
Pero increíblemente el unico ruido que oyeron fue el hueco y sonoro ruido de la bala amortiguada. Acto seguido ella lo había mirado con un deje de desesperación que el había correspondido con la sonrisa mas esplendida con la que se podía teñir su cara.
Sabia que aquel tipo de proposiciones y entretenimientos que el se divertía en exponer en sus reuniones sociales conseguían que la mitad de sus acompañantes la dieran de lado pero encontraba en esa exposición ante el peligro, en ese danzar con la muerte la fuerza necesaria para poder levantarse cada mañana.
Ella nunca lo comprendió. Se había casado con un hombre extraño, huraño, distante y lejano.
La tenia constantemente aterrorizada y no disfrutaba mas que cuando ponía su vida en el peligro.
Le gustaba el juego y la bebida y cada día se enzarzaba en disputas con numerosos corredores de apuestas. Había aprendido que nunca debía coger el teléfono por mas que sonora y tampoco abrir la puerta pasadas las doce de la noche.
Desde que se habían casado no había pasado una sola noche en casa. El juego y la bebida eran el hasta que la muerte nos separe que había comulgado ante la beatifica mirada del sacerdote y el rubor de las mejillas de ella. .
Y ella lo había aceptado con paciencia y resignación .Por que lo cierto era que le amaba como nunca había amado a nadie con un extraño sentimiento de posesión; como se ama a algo que sabes que no puedes controlar, como se ama a las fuerzas salvajes de la naturaleza, a las tormentas, los incendios, los huracanes
Un amor sin comprensión que te acerca hacia el abismo pero te hace rehuir de el constantemente.

Pero siempre acepto su amor como una especie de  religión que debía aceptar con sus peores y sus mejores cosas, con sus limites y excesos.

Sin embargo el siempre supo que aquella extraña adicción suya seria la única cosa estable y permanente en su vida que conservaría con el paso de los años.
Lo descubrió siendo un niño cuando reto a su hermano a colocarse en las vías del tren diez minutos antes de que este pasara.
Las reglas eran simples. Debían permanecer allí hasta poder atisbarlo. El pequeño se orino encima mientras esperaban y dependiente de el como era no se separo de las vías hasta que este no se lo ordeno. Cosa que tuvo que hacer mucho antes de lo esperado al ver el terror reflejado en sus ojos.
Odio siempre ese olor y las preguntas insistentes de su madre al ver a su hermano cabizbajo y asustado, refugiándose en su cuarto.
Era el olor de la derrota, el olor del fracaso, de la miseria humana y ese olor nunca le acompañaría. Nunca dejaría que penetrara en su mente ni tampoco en su cuerpo. Lo repelería con audacia y con valentía. Lo expulsaría de su casa, de sus conocidos, de sus amigos.
Haria el amor con el peligro aunque el orgasmo fuera una sentencia de muerte que le asediara constantemente.
Todos los que le amaban lo sabían. Ese matrimonio lo consumiría mas que ninguna otra unión.
Necesitaba sentir una constante falta de aire en sus pulmones para poder aspirar a que ese aire le acompañara un día mas.
La falta de oxigeno en sus pulmones le hacia respirar.
Lo había visto en algunos insectos de algunas clases.
Seres misteriosos y extraños que siempre caminaban hacia el vació en busca de una razón que diera sentido al resto de sus días.
Así era su vida. Caminando bajo la cuerda floja, sonriendole al enemigo, tentando al peligro.

Sabia que cada uno de sus actos lo alejaba de ella. Que lo separaba irremediablemente del resto del mundo pero sus amores aunque harto diferentes en el fondo tenían cosas en común.
Ambos amaban un ideal que se les evaporaba en las manos y ambos de forma servil no podían aspirar a mas que a aquel amor truculento y egoísta.
Para el; era simple.
Era su forma de pertenecer a este mundo. De fijar sus huellas bajo la tierra y crearse un deambular.


Era su forma de gritarle a la vida que había algo mas que ella ahi fuera.
Su forma de esconder el miedo que le había hecho rechinar los dientes aquel día frente a las vías del tren y ahogar su llanto con una mirada temeraria.
Porque el también tenia miedo, mucho miedo. Tenia un miedo constante de todo y de todos. Un miedo que le obstaculizaba cada paso que daba.
Pero el día que la muerte viniera a visitarlo no adoptaría una postura cobarde y temblaría ante la cercanía de su presencia.
Le plantaría cara, revestiría su miedo de locura, ahuyentaría al niño que lloraba.


Seria aquel niño temerario.


Aquel niño que no temblaba.

jueves, 17 de julio de 2014

Cosas que me hacen sonreir





Mirar por la ventana y ver que alguien ha escrito : Buenos días princesa, para alguien, que importa quien, en mitad del suelo. Y recordar de un modo inminente e instantáneo a Roberto Benigni caminando sonriente hacia la muerte.
La cercanía del olor que desprende un libro nuevo que te invita desde lejos a navegar entre sus paginas y perder tu esencia entre ellas distorsionándola.
Encontrar mensajes en la arena con frases que te bañan los ojos y te dejan la sal y el susurro del mar incrustados en las mejillas.
La sonrisa de un hombre que no tiene nada pero se alegra de tener una mano que se enlace con la suya y le de calor en mitad de la noche. Porque eso en el fondo es lo unico que importa, lo unico valioso.
El caminar tranquilo y calmado de un animal salvaje que emerge de entre la naturaleza sediento de vida sin conocer que el mundo se ha convertido en un lugar cruel y indiferente a la belleza.
La fuerza de una madre que hace del miedo coraje y desafía al mundo solo por apartar el llanto de su hijo.
Simples gestos, sonrisas, modos de mecerse en el viento.
Esas son las cosas por las que sigo en pie. Por las que no me odio al mirarme al espejo cada mañana.
Por las que sigo sonriendo aunque cada vez haya mas motivos para que la tristeza me domine.
La belleza de las pequeñas cosas bombea mi corazón, le da fuerza a mis piernas, traza firmes y seguros mis pasos.
Esos destellos de luz alejan la oscuridad que hace tiempo forma parte de este mundo.
Esos momentos efímeros sostienen una eternidad que esta de antemano limitada por la fecha de caducidad de un producto demasiado banal para ser verdadero.
Soy un pintor ciego que sobrevive trazando siluetas en un lienzo que nunca llega a ver.
Un arquitecto que ha lo ha reducido todo a una escala tan minúscula que ya no se esfuerza por observar distante el mundo desde rascacielos pero sin embargo no para de soñar con ellos.
Soy un escritor que encuentra las letras en las estrellas del firmamento y tiene que traducirselas a la luna para poder sentir su claridad.
Soy un animal arcaico, extinto, que sigue en pie en medio del asfalto.
Lejano, tranquilo, ausente, inmerso en una aureola de violencia, degradación y perdida.
Sediento de emociones nuevas. Sediento de vida. Soñador en un mundo de seres que han olvidado que la única libertad esta en poder atreverse a soñar con los ojos abiertos.
Solo tenias que mirarme y hacerme grande.
Nunca ahi que perder la capacidad de sonreír. De convertir seres minúsculos en gigantes con una sola mirada. De colorearlo todo con el rubor de las mejillas
Todo reside en la capacidad de ver y de enfrentarse al paso del tiempo.

Todo reside en una mirada. En la fuerza de erosionar las horas y convertirlas en un par de segundos que nos hagan protagonistas de una historia que no es la nuestra pero que da brillo y sentido al resto.