sábado, 9 de julio de 2016

Cuando no me ves






Traspaso paredes, quiebro los muros. Me convierto en aguacero torrencial que se filtra entre las grietas.
Escalo pendientes que amenazan con menguar mi fuerza solo por sentir el vértigo vibrando en cada poro de mi cuerpo.
Cuando no me ves convierto la carcajada en llanto y me sorprendo gritando palabras en hojas de papel que luego quemo.
No se porque. Tal vez me enamoro aquella primera combustión que incendio todas las verdades que creia conocer.
En el fondo siempre he sido esa niña que prendía fuego a las letras tristes por no tener que vomitarlas a la mañana siguiente y despertarse con su hedor.
Cuando no me ves soy eco de una voz mas fuerte. Hago de mi flaqueza una sombra que me persigue pero no me alcanza. Que no consigue exterminar mi fortaleza.

Despierto ciudades dormidas que bailan al son de mi palpitar, que se convierten en amantes que juegan a ver quien se consume antes.

Cuando no me ves brillo. Y me oscurezco.  Soy luz y tinieblas. Soy la cumbre de una plenitud.


Cuando no me ves vivimos en sueños de países extraños donde desenterramos el verbo amar.


Hacemos de la esperanza una trinchera y nos aferramos a simples destellos de genialidad.



Cuando no me ves soy tan fuerte que podría prender fuego a toda la basura que ahí en esta ciudad.


Me desmaterializo a cada calada de vida, emigro de mi piel y me convierto en otra cosa.

Engullo letras mudas que le toman la medida a tus silencios y se posan en tus ojos creando tormentas.

Cuando no me ves estoy un poco mas destrozada. Soy un poco mas autentica.
Me atrevo a jugar con mis tinieblas.


Cuando no me ves soy un cuadro de Hopper.
Sentada en el borde de la cama de una habitación de hotel. Con el tiempo balanceándose en mis pestañas. Mirando hacia un punto lejano del horizonte. Descargando estaciones en el barniz de la pared. Dejando que la luz que se filtra en las persianas juegue con mi piel.
Esperando que el sentir sea una de esas estaciones de aduanas donde otros bloqueen tu camino cuando vengas a doler.

lunes, 4 de julio de 2016

Un buen hombre






Por primera vez en su vida pertenecer al regimiento de infantería le hizo sentir  miserable.
No había escogido ese trabajo por las pocas ofertas laborales que le habían ofrecido ni por su precaria situación económica. El estaba hecho para ver a todos aquellos pobres diablos expirar bajo su mirar impasible.
Sus rezos de ultima hora , los gritos viscerales, las falsas palabras de afecto fingidas que le dirigían.
Le gustaba verlos quebrarse. Desmoronarse. Disfrutaba cuando se orinaban encima, cuando se desplomaban ante su indiferencia, cuando enloquecían ante su visión.
Mentía a todos sus conocidos diciendo que se vio obligado a tomar aquel empleo despiadado. Fingía cuando abrazaba a su mujer por la noche y le decía lo ruin que se sentía en algunas ocasiones.
Nunca se había sentido miserable. Cada vez que apuntaba el gatillo hacia aquellos hombres, mujeres y niños algo dentro de el crecía y se expandía. Su propia vida, su miseria personal, el hecho de vivir en aquel piso pequeño rodeado de ratas, la infelicidad que le producía haber sido emparejado con una desconocida a la que solo le unía una noche de deseo y aquel horrible bebe que no paraba de llorar . Todos los malos momentos de su vida se difuminaban ante aquel desfile de dolor y su propia tristeza parecía disminuir.
Lo había comprendido en secreto hace años cuando le deseaba el mal a los vecinos a los que saludaba sonriente. Cuando soñaba con que sus compañeros de clase tuvieran peores calificaciones que el. Cuando sus mejores amigos le contaban lo bien que se lo habían pasado el fin de semana y su único deseo era que vinieran acompañados de desdichas, de tragedias, de muerte.
Habia matado antes sin saberlo .Porque se puede matar de muchas maneras, a veces sin que sea necesario apretar el gatillo. A veces sin saberlo.
Con silencios y con miradas cargadas de afecto prefabricado. .Destrozando a esas personas en su mente. Las había despojado de la felicidad porque era un bien que nunca supo compartir.
Su tristeza solo era posible si el mundo entero era triste. Si lloraba con el.
No sabia como combatir la felicidad.
Todo fue bien hasta aquel día.
La chica tenia dieciséis años y era hija de un comunista. El y sus compañeros del peloton de fusilamiento siguieron el protocolo. Primero sus compañeros fusilaron a los pequeños de la familia. Dos niños de seis años. Estaban fuertemente agarrados a las manos de sus padres cuando se desplomaron en el suelo. La madre tambien callo sobre sus cuerpos como si ella hubiera recibido el impacto de las balas. Su cuerpo que siguió con vida durante unos segundos había expirado en aquel mismo segundo. Luego liquidaron al padre que miraba impasible hacia su verdugo, tal vez intentando buscar una emoción en su rostro que le permitiera empatizar con su sufrimiento.
La chica fue la ultima. Ese era su disparo en esta ocasión. Sabia que en su rostro podría leer todo el dolor de lo acontecido, que se contorsionaría en una espiral de locura y autodestrucción. Que la perdida y la ira se manifestarían en cada uno de sus gestos.
Pero no. Aquel cuerpo no respondía. Estaba rígido. La chica lo miraba fijamente pero no habia tristeza en sus facciones.
Una sonrisa gigantesca acompañaba su cara. Una mirada desafiante. Llego incluso a reir a carcajadas en aquellos momentos.
Debía estar loca. No lo comprendía. 
-Míralos- le dijo
-Míralos desgraciada, están todos muertos.
Pero ella no dejaba de reír y de sonreirle. 
Por primera vez en dieciséis años se le quebraba la paciencia. La mano le temblaba. Sus compañeros lo  miraban sorprendidos, intentando preguntarse que estaba pasando. Finalmente Sean que había disparado al padre liquido a la chica.

Aquella noche no pudo dormir. Su mujer le pregunto como había ido en el trabajo y por respuesta se encerró en en un cuarto en el que estuvo varios días. Cada vez que recordaba esa sonrisa sentía una sensación que le oprimía el pecho y le dejaba sin respiración.
El vencedor estaba vivo y debería regodearse en su buena fortuna.
Pero desde el momento en que la carcajada se disparo había sido una bala que se le incrusto en el alma.
Nunca en todos sus años de trabajo le había pasado algo así.
Aquella sonrisa era la victoria de todos los vencidos.
Porque la felicidad es un arma que los que nos quieren ver hundidos no entienden.
Porque la felicidad puede hacer a los que tienen egoísmo y deslealtad alojada en las entrañas desangrarse en un solo segundo.


Porque alguien había muerto pero aquel día el fue  el vencido.


El único vencido.

viernes, 24 de junio de 2016

Bienvenido al futuro






No habrá mas jirones del pasado con los que envolvernos cuando el frio de la noche nos sacuda de madrugada.
No escalaremos mas esa rampa llamada mañana en la que bajamos y subimos constantemente por el mero hecho de dejar de creer en nosotros mismos.

Vamos a dormir abrazados solo a este presente. Este que puede parecernos cada día mas lejano pero que configura todo lo que somos. Todo lo que tenemos.


Por que el ahora debe ser el único momento en el que vivamos.


Porque solo somos cuando dejamos de ser.
Cuando esa percepción que tenemos de nosotros mismos se difumina.
Cuando las expectativas de los demás no definen en lo que nos convertimos.



Cuando la sonrisa nos viste y guardamos debajo del almohada cientos de tickets de felicidad inalterable.

Por  precaución. Por si acaso viene el dolor a tocar  la puerta.



La próxima vez estaremos mejor armados. La próxima vez no oiremos su llamada.





Estaremos fuera , empapandonos de esa lluvia que es el ahora.
De ese momento que no cesa.





Estaremos viviendo hasta quedarnos sin fuerzas.

sábado, 28 de mayo de 2016




Veneno que son labios que te llenan de hiel los labios.
Palabras que son cuchillo que rompe contra la carne cuando no tiene mas que silencio acumulado en las entrañas.
Ven si quieres y siéntate a mi lado.
Lléname un poco mas de nada.
Trepa rápido por mis pestañas.
Ahí un camino trazado que hace que bailes para siempre bajo las luces de neón que fabrica a veces mi mirada.
Mueve tus caderas al compás de mi palpitar. Deja que mi cuerpo sea esa pista de baile donde te olvides que existir tiene fecha limite, donde cada paso sea un entrechocar de ilusiones que buscan hacerse mas libres. Creerse mas fuertes. Ser reinas de un lugar donde cada cosa encaja.

Duerme sin miedo bajo la sombra de este árbol que son mis brazos cuando tratan de alcanzar la existencia y volverla un poco mas dulce con unas gotas de sudor envasadas.


Podríamos ser tu y yo.
Podríamos gobernar el mundo si a ti no te temblaran las manos y mis piernas no estuvieran tan cansadas.
Podríamos soñarnos en esos silencios donde a veces existimos así sin mas.
De manera descompasada.
Podríamos coincidir.
Por una vez y para siempre.
En un segundo que multiplicara el infinito y nos fotocopiara en ese álbum de recuerdos que sin duda sera el mañana.

Luchar es una declaración de amor

Me gusta la gente que entra sin tocar la puerta.
Que no se conforma con un cartel de cerrado.
Que rompe barreras, alambradas y murallas.
Que vuela los cerrojos mas fuertes con dinamita y se deja en cada trozo de hierro con el que colisiona una parte del alma . Algo que nunca volverá a recuperar por mucho que se esfuerce en torcer la partida.
Me gustan los que juegan a todo o nada.
Los que se acuestan con la muerte solo por ver con mas claridad la luz del sol cada mañana.
Los malabaristas de la vida que encuentran placer en sostenerse sobre el aire en montañas de ilusiones cargadas de oxigeno que no son mas que mentiras bien artificadas.
Los que vuelven lo solido un liquido donde disolver todo lo que parece seguro y firme.
Me gustan los que te dan las gracias por existir sin conocerte, los que escriben mensajes de amor en las calzadas. Los que se desnudan en los versos sin temor a las cuchilladas.
Los que luchan cada día por pintar el mundo de otro color que haga menos daño a la vista y cause un menor impacto en el alma.
Esos que tienen ojos que son océanos donde te puedes sumergir sin miedo a ahogarte. Paraísos de lluvia donde encuentras tesoros que te llenan, donde cada gota de agua te seca y arrastra toda el agua que contienes.

Territorios inaccesibles para la mente humana que son noches donde puedes seguir esa luz que te lleve de vuelta a casa.


Hemos venido al mundo para encontrar en la mirada del otro esa chispa que ilumina nuestro rostro y hace que se nos inflame el alma.

Ese huracán que nos devora por dentro y remueve nuestras entrañas.


Haciendo que los perros ladren con el ruido de las cadenas partiéndose en mil pedazos.
Liberándolos de sus formas de existir prefabricadas.



sábado, 7 de mayo de 2016

Descompasado

Deshojaba las silabas como si fueran pétalos y depositar algunas en su lengua era un ejercicio de equilibrismo que obligaba a veces a traspasar las espinas que escondían.
Nadie podía darse cuenta de lo mucho que le costaba elegir entre todas ellas la palabra exacta, la única, la verdadera.
Y darle fuerza y coraje. Armarla de valentía a pesar de que pudiera agonizar en su boca. Pudrirse y echar raíces en el interior.
Cada una de aquellas palabras que callaba y cogía impulso cuando una mirada la refrescaba con su calor era una palabra suicida. Expuesta a toda la indiferencia y la falta de interés del que no conoce el poder de resucitar de las letras.
Su poder de establecer vínculos y puentes entre las personas que pueden llegar a ser mas poderosos que la sangre.
Habia algo intimo en algunas conversaciones.
Hablar a veces era como desnudarse y dejar que el otro trazara con la yema de los dedos un mapa de los golpes y las caídas.
Mostrar las zonas vulnerables, las frágiles, las heridas.
Exponerse al bofetón, a la carcajada, a la deriva.
Y dejar al otro traspasar la tela, la piel, la carne. Cada capa, cada limite preestablecido. Dejar la piel en carne viva.
Deshojaba las silabas como si fueran pétalos. Y a veces ese ejercicio la dejaba exhausta, perpleja y derrotada.
Pero vivir era jugar con ese vértigo.
Ese era el precio que tenia que pagar por seguir estando viva.


A medias

Era una de esas personas que siempre se visten a medias.
Nunca logro entender como a la gente le era tan fácil enfundarse en un traje hecho a medida y olvidarse del tacto y el olor de su propia piel.
A ella las etiquetas le dejaban una marca permanente. Un escozor, un sarpullido que hacia bullir la sangre en forma de tatuaje perpetuo.
Todo le quedaba grande o pequeño.
No estaba ajustada a ningún canon preestablecido.
No tenia medida ni patrón.
La piel se revolvía furiosa ante toda intromisión ajena que tuviera la intención de esconder lo de dentro, de tapar el interior.
Nunca logro entender del todo como sobrevivía y caminaba la gente. Como se vestía.
Por mas que se pusiera una y otra vez ese traje llamado vida siempre se le quedaba atascada la cremallera a la altura del corazón.
Aquella mordaza de hierro no era capaz de silenciar esa bandera hecha de carne, huesos y palpito.
No cerraba aquel túnel sangrante sin salida que solo revivía con besos y poesía, con pedazos de realidad sin plastificar que todavía no habían sido modificados . Maltratados hasta perder todo lo que los hacia bellos y extinguir toda su autenticidad.
Y cuanto mas se empeñaba el mundo en sedarlo, acallarlo y golpearlo mas fuerte se hacia.
Mas fuerte latía.