sábado, 25 de marzo de 2017

Demolición.

Hacerse fuerte.
Luchar contra la corriente.
Resurgir de las cenizas. Coserse los rotos.
Echar sobre los restos de sangre sal y tequila.
Lamerse las cicatrices hasta que la sangre sepa de nuevo a vida.



Dejar de respirar solo por la euforia de llenar tus pulmones de aire nuevo.



Llenarse a fuerza de quedarse vacía.


Confiar en que el sol que tienes en el pecho se apague de cuando en cuando para brillar con mas fuerza cada día.



Elevar el dolor a la categoría de arte. Hacer de la herida un elixir que te haga mas resistente a los golpes y puñaladas que nos concede el destino y su desidia.


Tragarse las lagrimas.


Ser de acero. Revestirse. No dejar que nadie se alimente de la carne podrida.



Hay demasiadas moscas que están deseando saciarse con tu muerte. Encontrar alimento en tus heridas.




Y aunque vuelen no llegaran muy alto.



Tienen demasiada carroña cosida a las entrañas. Demasiada fuerza cosechada de la tristeza y el dolor ajeno.



Llevan las alas cargadas de ira.





viernes, 24 de febrero de 2017

Paterson




La poesía es esa caja de cerillas con rótulos de neón que nos saluda cada mañana de manera indiferente.
Una niña desconocida que espera sigilosamente atrapar palabras de la nada y plasmarlas en un pequeño cuaderno infantil.
La poesía se esconde detrás de los rostros anónimos con los que te cruzas en el autobús, en ese banco en el parque que nos esboza una cascada donde podrían fluir sin limite todas nuestras lagrimas. Ese rincón secreto del mundo donde podemos alejarnos del caos diario y encontrar un poco de armonía y paz.
La poesía son los brazos que te acompañan cada noche al cerrar los ojos envolviéndote en un sopor de otro mundo.
Poesía son los momentos cotidianos que intentamos en vano hacer eternos. Todo en lo que creemos, sobre lo que escribimos.


Pero sobre todo aquello que nunca redactamos.


Porque esas simples letras son todo lo que somos.



Una luz que intenta alumbrarnos en mitad de la oscuridad de la noche.


Todo un sinfín de posibilidades.


No todo el mundo puede hacer poesía y reciclar lo vulgar y mundano para convertirlo en algo artístico.




No todos podemos ser poetas, poetas verdaderos de esos que encuentran belleza entre la suciedad y la monotonía.


No todos tenemos el poder de transformar la realidad con el arma de las palabras pero lo que no podemos negar es que vivimos rodeados de poesía.




Solo hay que respirar un poco y mirar a tu alrededor.



Siempre lo he sabido pero hoy Jim Jarmusch me lo ha recordado con esta maravillosa película.



Y viéndola me he sentido un poco menos rara, un poco menos diferente.



domingo, 29 de enero de 2017

La chica que quería ser una cancion de blues.



Solía hablar poco y cuando lo hacia empleaba aquel tono de voz fuerte y quebrado, frágil y resistente. Parecía como si dos personas vivieran en aquel cuerpo menudo y diminuto.
Llevaba años sentándose en aquella esquina en aquel pub anticuado de la calle 13 donde solo acudían pervertidos a masturbarse viendo cintas snuff en la sala del reservado.
Habia vivido grandes días allí, cuando era un sitio donde valía la pena desperdiciar horas enteras.
Aquel edificio destartalado sabia mas de ella que ninguna de las personas que conocía. La habia interrogado hasta que no le quedo mas remedio que confesar todos sus miedos y debilidades, cada pequeño y insustancial detalle de su vida.
Siempre solía pedirse la misma bebida y quedarse contemplando la entrada con la mirada perdida.
Le gustaba imaginar la vida de las personas que entraban en aquel pub. Que tipos de secretos esconderían, donde vivirían, que cosas les aterrarían y cual seria la pasión que los conmovía. Quienes serian realmente.
Porque aquel pub tenia algo que era imposible encontrar en cualquier otro lugar del mundo.
La gente parecía ser quien quería ser.
No quienes otros esperaban que fueran, no quienes ellos mismos creían que eran.
Tan solo eran esa imagen que te encuentras en el espejo mirándote anonada después de una noche de resaca de Bourbon.
Aquel sitio hacia que los instintos mas bajos resucitaran, que los buenos propósitos se desperdiciaran y que la piedad mas anticuada encontrara un sitio donde brillar con luz propia.
Todos los ángeles y los pecadores de aquella ciudad se reunían bajo el mismo techo para demostrar que tras sus cuerpos arrugados y hastiados, las expectativas ajenas aun no los habían matado.
Estaban vivos y respiraban bajo aquellas mascaras y disfraces que la vida les habia regalado de forma gratuita.

Un día un hombre se le habia acercado y le habia preguntado que si hubiera podido venir al mundo siendo un genero musical cual habría escogido.


Ella le habia mirado fijamente y le habia dicho que le habría encantado ser una cancion de blues.


No volvieron a hablar durante gran parte de la noche pero continuo mirándola expectante.
Tal vez estaba esperando alguna explicación, tal vez no.

En aquel lugar nunca se llegaba a saber nada a ciencia cierta.

El hombre la habia tomado de la mano y le habia dicho que era la puta mas triste que habia conocido en toda su vida.



Ella le sonrió y le dijo que cuando te has quemado con el fuego del infierno pocas cosas te pueden dejar cicatriz.


Después de ese día nunca volvió a verlo pero siempre se acordaba de el cuando escuchaba una cancion de blues.

miércoles, 4 de enero de 2017

Esa cosa extraña llamada felicidad.






Le hicieron la autopsia a su sonrisa y les pareció increíble descubrir que habia sido causa natural.
Que el ya no vivía entre esos labios provocando la mueca o la carcajada.
Le hicieron la autopsia a su sonrisa y determinaron que toda esa felicidad la habia tenido siempre dentro.
Que formaba parte de ella. Existía en su interior y se podía activar con cualquier cambio de dirección.
Habia echado raíces en sus hemisferios aun antes de conocerlo.

Y es que la felicidad es esa cosa extraña que nos mira desde lejos y nos ridiculiza pero que a veces nos da una tregua y nos dice que nosotros tambien tenemos derecho a formar parte de ella. Que podemos atesorar una alegría fiera, indomable y sincera.


Una que sea solo nuestra.

martes, 27 de diciembre de 2016

Esos bastardos.

Cada mañana me despierto deseando que a mi corazón le salgan alas y huya volando por la ventana.
Y de paso se lleve con el a sus amigas la empatia y la conciencia.
Cada mañana deseo que se marchen esos malditos instrusos que me hacen diluviar cuando ni yo misma he visto aviso de tormenta.
Pero no se van.
No me abandonan los desgraciados.
Siguen atormentandome con su existencia.
Haciéndome perseguir constantemente algo que se que no existe.
Algo que en este mundo tan terriblemente humano no tiene ya sitio ni presencia.


sábado, 12 de noviembre de 2016

Bucle






No me hubiera importado vivir para siempre en el mismo día contigo.
Sacrificar la eternidad por la inmediatez del momento.
Repetir hasta la extenuación  aquel día hace muchos meses cuando nos conocimos.
El día en que gritamos juntos por primera vez.
Donde la valentía nos unió de forma irreversible haciendo el mundo  un poco mas bonito.
No me hubiera importado quedarme a vivir para siempre en ese bucle temporal.
Me hubiera dado igual si tu hubieras querido.
Si te hubieras aferrado a mi con fuerza.
Si me hubieras demostrado que valía la pena que nuestras voces rompieran juntas el silencio.


Pero mi voz para ti nunca emitió ningún sonido.Para ti mi voz fue solo un murmullo.


El tiempo me ha demostrado que no volverás a agarrarme la mano con ímpetu de nuevo, que a pesar de saber lo difícil que es para mi lidiar contra este viento que a veces me deja sin habla no estarás tras esta niebla contra la que lucho.




Llevo meses luchando por extirparte de mi vida.
Te he arrancado de cada rincón, de cada espacio.


Pero de algún modo, de forma irremediable por mucho que te aleje me invocas.
Te empujo hacia el vació y te encuentro en los lugares menos pensados.
Te abres paso entre las barreras.
Diluyes lo que es solido y permanente.
Lo que construyo con mucha fuerza de voluntad y grandes dosis de auto control.

Vuelves de entre los muertos, pero no para mostrarme que sigo siendo alguien importante en tu vida.
Tan solo reapareces para ver en que sentido puedo satisfacer tu interés personal, para ver de que modo puedes sacarle partido a mi existencia.
Ni siquiera te importa mi dolor o las complicaciones que afronto.
Mis problemas son solo un lugar distante y lejano que nunca elegirías como destino para tus vacaciones.


Y aunque siga siendo lo suficientemente estúpida como para sentir tristeza por ello, aunque este bucle temporal en el que llevo viviendo durante meses al principio me resultara un lugar cálido y seguro no volveré a el.




No lo haré porque hasta yo misma se que  merezco alguien mejor.



Me merezco a alguien que no tenga miedo. Alguien a quien no le tiemblen las manos cuando abarque las mías. Alguien que pueda ser un refugio al que poder volver, una puerta de emergencia en la que esconderse del horror y la miseria, de la indiferencia y la crueldad del mundo.




Así que no vuelvas. No insistas en hacerlo.


Me has estudiado lo suficiente como para saber que conmigo siempre es todo o nada.
Sabes que siempre intento ser honesta con lo que pienso y con lo que siento.


Conoces a la perfección lo mucho que me duele decir adiós pero dentro de ti en el fondo eres consciente de que cuando lo hago, cuando me marcho lo hago para siempre.




Y hace meses, hace muchos meses que te dije adiós.



Siempre le tengo miedo a los fantasmas. Pero tu ni siquiera has luchado para ser uno de ellos.



Así que no vuelvas.



Ni siquiera traes contigo el frió del otro mundo.
No tienes nada nuevo que enseñarle a este cuerpo.
Nada con lo que arropar esta mente.
Nada con lo que vencer al tiempo.



Luchar es una declaración de amor.

Pero tu dejaste de luchar a mi lado hace ya mucho tiempo.


Ahora lucho sola y saberlo cada día me da menos miedo.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Enferma.




El medico la había examinado por tercera vez palpando cada hueco vació de su cuerpo, buscando hallar la causa del problema.
La había dejado marchar de nuevo con el tedio pegado a las uñas, con aquel sobresalto absurdo de histeria.
Ni ella misma entendía por que a veces se le humedecían los ojos y sus pestañas se convertían en puertas que dejaban salir a extraños que se le presentaban por la calle y que hablaban sin parar, sin necesidad de encontrar respuestas.Ni ella misma comprendía la alta presión que a veces bombeaba su existencia.

No paraba de quejarse de aquel cosquilleo intermitente que ascendía por sus muñecas. Era como el avance de algún ejercito que buscara abrirse paso a través de su carne. Era como el sonido de las cadenas de presos que han descubierto que la libertad esta cerca.

Y el hombre le tomaba el pulso y lo encontraba todo normal. Investigaba huellas extrañas en sus pulgares. Insistía en que no había nada de lo que sospechar. La atiborraba de medicina que cubría sus noches de insomnio de tinieblas.

Y un día por fin lo descubrió. Ocurrió sin mas.
Descubrió que no tenia sangre en las venas.
Que aquella marca azul e imprecisa en realidad era tinta que reventaba a fuerza de palpitar.
Que sangraba y se abría en versos. En laberintos de palabras sin salida donde refugiarse del hastió.
Descubrió que vivía escondida allí entre toda aquella capa de piel que buscaba protegerla de la fiesta que es vivir sin ser invitado.
Y se lo contó a las paredes. Uso su grito como cuchillo para cortar el aire pero nadie pareció oírla.
Hablaba pero no salían sonidos de su boca. Hablaba pero un idioma que nadie conocía, que de puro existir se había convertido en oxigeno que la alimentaba.
Y nadie lo entendía pero la calle estaba llena de todos sus hijos bastardos.
Aquellos que había abortado antes de salvar del tedio. Los que se habían evaporado de un futuro inexistente y predecible.
Ocurría que a veces los encontraba. En un par de ojos que la miraban creyendo escrutarla, averiguar el extraño mecanismo que la hacia seguir en pie girando y girando en una danza mal ejecutada.



Y aquel día sangro. Sangro como nunca. Se hicieron ríos y ríos de tinta negra y espesa.


Una ingente y pesada capa de tinta rodeo a aquel hombre que se desmorono sobre sus propios pies.


Al final solo era de cartón. Habia crecido tanto que ya no recordaba a su propia madre.



Ya no recordaba como le había arañado sin cesar las muñecas reclamando independencia en una tierra dominada por la inconsciencia.


Y por que no. Hasta ellos merecían una bocanada de existencia de aquel aire que a ella a veces la ahogaba.



Eran los hijos malditos de una tierra que no los necesitaba pero que vivía a sus expensas.