jueves, 8 de septiembre de 2016

Su mejor noticia





Conoció a Elena el día de la rueda de prensa. Estaba aferrada a su madre que lloraba con la cabeza apoyada en sus hombros y se llevaba constantemente la mano a uno de los tirabuzones de su pelo que agitaba con violencia. Mas tarde descubriría que era un tic al que siempre recurría en momentos de ansiedad extrema. Vio como su compañero grababa su rostro roto por el dolor con envidia. Aquella noticia era su noticia. Desde que llego a la redacción había sido menospreciado por todos sus compañeros. Se pasaba el día sirviendo café y cubriendo noticias de localidades rurales en las que el mayor problema solía ser una avería general en la carretera.
Habia sido el primero en conocer la noticia de la desaparición de Laura Dominguez. Le correspondía a el aquel merito. Al volver a casa reflexiono. Habia llegado su momento de destacar. Aquella noticia debía ser suya de cualquier modo. Le resulto fácil quedarse con los datos de la vivienda familiar. Lo difícil fue lo demás. Tuvo que espiar a Elena durante toda una semana. La acechaba a todas horas. Se había convertido en su sombra. La sorprendía en momentos inusuales, cuando iba a tirar la basura o a dar un paseo por la playa. Quería que tuviera plena conciencia de su rostro antes de que le conociera. Debía encajar como parte de aquel vecindario para poder llevar a cabo lo que se había propuesto. Por eso cuando fue a presentar condolencias a la familia por primera vez le alegro descubrir que presas del dolor no habían estado atentas a su discreta aparición de hace unos días en la rueda de prensa. Hasta ese entonces apenas se habían percatado de que existía, salvo Elena que lo reconocía vagamenente de sus paseos. Le costo un trabajo enorme acercarse a ella pero comprobó pronto que mientras Laura era la hermana extrovertida y con una vida social plena, la otra se había ido encerrando mas y mas en si misma desde la muerte de su padre. Era una chica acomplejada y tímida, extremadamamente reservada y solitaria. Comenzó a visitar a la familia fingiendo mera cortesía y haciéndose pasar por un compañero de instituto de Laura. Cuando se gano su confianza se aprovecho de la debilidad y la falta de cariño de Elena que debía vivir con una madre ausente por el dolor, un padre muerto y una hermana en paradero desconocido. Elena estaba destrozada y necesitaba ser escuchada por alguien. No importaba quien, bastaba cualquiera. Aprovechaba las pequeñas incursiones en la casa soportando con desgana los besos y las caricias de Elena mientras esperaba a que se durmiera sobre sus brazos para poder acceder al cuarto de la hermana.
En una semana había conseguido un diario y fotografías intimas bastante comprometidas.
Las colgó todas en la red y dijo por aquel trabajo por el que llevaba semanas sin aparecer que le habían dado un chivatazo. Todo cambio de repente.
Su jefe estaba completamente obsesionado con averiguar la fuente que le había proporcionado la noticia y no escatimo recursos en sonsacarle pero se mantuvo firme en su postura. Cuando la noticia salio ,Elena comenzó a tomar pastillas de nuevo. Las había comenzado a tomar con anterioridad cuando su padre murió. Se las receto una psicologa a la que había acudido toda la familia. El la consolaba mientras hablaba desesperada de la traición tan grande que había cometido su madre al invadir la privacidad de Laura y colgar esas noticias.
-Nuestra privacidad-decía- es lo mas sagrado que poseemos. Mi pobre hermana puede estar muerta y ella solo piensa en hacer negocio con su intimidad.
Madre e hija se distanciaron. Ya casi no se veían a pesar de compartir la misma casa. Ambas creían ciegamente en la culpabilidad de la otra y ese motor había incentivado un odio devastador que las mantenía separadas. Pasaron meses sin saber nada de Laura pero mientras tanto estuvo en contacto directo con la policía. Siguió de cerca todo el trabajo que realizaban, participando en las búsquedas y rastreando por su cuenta los sitios por donde estos pasaban. A veces llamaba a la comisaria haciéndose pasar por un desesperado amigo de Laura para ver si podían contarle alguna novedad.
Un día sin embargo encontró algo que lo dejo atónito. En uno de sus paseos matinales descubrió una mano que emergía de un arroyo. Estaba completamente sepultada bajo el barro y la maleza. Aquella era la zona por la que la policía llevaba meses buscando sin éxito y en la que se habían interrumpido las partidas hace unos días.
Pero allí estaba esa mano de color purpura que emergía de entre el lodo y que parecía querer aferrarse a el. Su primer idea fue llamar a la policía. Luego un pensamiento fugaz cruzo su mente y ya no pudo pensar en otra cosa.
La noticia de la aparición del cuerpo ya era relevante pero la del asesinato por parte de un familiar llegaría en pocos segundos a superar el rating en todas las cadenas. Serian numero uno, era el sueño dorado de todo reportero. Miro a su alrededor asustado pero era de madrugada y por aquella zona no solía pasar mucha gente. Recordó que tenia unos guantes en el coche y se marcho rápidamente a por ellos. Habia aparcado muy cerca del lugar. Cuando volvió todo seguía en el mismo lugar como si el destino le estuviera incitando a realizar aquel acto. Cargo el cuerpo con cuidado soportando con fastidio el olor. Estaba en un avanzado estado de descomposición. Pero era Laura, llevaba puesta la misma ropa con la que desapareció. De eso no había duda.
Durante todo el camino intento no pensar en lo que estaba haciendo pero aquellos ojos abiertos de par  en par y inyectados en sangre en par parecían seguir mirándolo.
Para lo que tenia pensado no debía quedar ni una sola prueba , así que tuvo especial cuidado en el traslado cerciorándose de que nadie lo siguiera. Compro una lona y algunos objetos que le ayudaron a ocultarlo bien  y después lo escondió en su cochera.
Ya en casa le quito un zapato y recorto parte de la tela del vestido que llevaba. Coloco ambos objetos en un cajón del cuarto de Elena sin que esta se diera cuenta. No fue muy difícil porque cada vez estaba mas aturdida por la gran cantidad de pastillas que tomaba para poder dormir. Después procuro por todos los medios hacer que la madre entrara en el cuarto diciéndole que Elena se encontraba mal y que creia que tendrían que llevarla al hospital. Al salir del cuarto cuando ella ya dormía ,había dejado el cajón lo suficientemente abierto como para que la mujer se diera cuenta.


Unas horas después se llevaban a la aturdida Elena a la cárcel.

Era su noticia. Su mejor noticia y había valido la pena aunque su jardín ahora tuviera los restos de un ser humano.
Pese a que publicaron su nombre en todos los periódicos quiso mantener cierto anonimato. No mostraron su cara en los medios.
Por respeto a las victimas dijo.
Si llegaban a descubrir que el hombre que las estuvo estado cuidando durante tantos meses había encubierto un brutal asesinato eso podía resultar devastador para sus vidas. Por no hablar de la pobre Laura.

lunes, 15 de agosto de 2016

Recomendación cinefila





Hay películas que te recuerdan que el cine es para sentirlo. Para vivirlo.
Que es un conjunto de emociones, de sensaciones, de olores. Un compendio de imágenes que te llegan al alma para cubrirla de algo nuevo.
Esta es mi primera película de studio ghibli y aunque no he visionado mas para tener una opinión solida tengo que decir que la belleza de la imagen y lo hondo de la historia nos hacen darnos cuenta de que estamos ante algo único e insólito.
El cine de animación nunca ha sido uno de mis fuertes pero la verdad es que no se puede catalogar esta obra bajo esa categoría. Seria demasiado simple hacerlo. Porque ''El cuento de la princesa Kaguya'' no es solo una película de animación, es muchas otras cosas.
Es una película que apela a los sentimientos mas profundos. Que los despierta.
Todo en ella es simple pero tambien muy grande. Todo esta cargado de una belleza  frágil e inestable que es difícil describir pero que se percibe fotograma a fotograma.
La película en si misma es una metáfora sobre la felicidad o la forma de hallarla.
Presentada en forma de algo que se nos escurre entre las manos, una especie de premio lejano por el que tendremos que afrontar grandes pruebas que nos traerán aflicción, dolor y tristeza. Algo efímero que se hace duradero cuando lo poseemos.
Kaguya sabe que la verdadera genialidad de la vida esta en vivirla por si misma. Con todo su dolor y su dicha. Busca en lo cotidiano ese cuadro de acuarelas que le permita seguir mirando a la realidad con un brillo especial, con una ilusión genuina.  Sabe que lo falso y lo artificial rodean la vida de todo ser humano. Se ha dado cuenta de que la autenticidad es lo único que puede salvarnos.
Podría hablar mucho de esta maravillosa película y de su fantástica bso. Es curioso como una simple cancion pueda hacernos sentir tantas cosas. Hacer aflorar tantos sentimientos.

El cine no es para escribirlo.

El cine es para vivirlo.


Así que recomiendo esta pequeña joya a quien de verdad busque en una película algo mas que pasar el rato.


Es tan bonita que duele. Con ese tipo de belleza que te carcome las entrañas porque te hace sentir que lo que estas viendo no es algo tan lejano a ti mismo. Que es una ilusión que se te presenta bajo distintas formas cada mañana.


Hay mucho de la vida real en esta historia. Mucho de nosotros mismos.



domingo, 7 de agosto de 2016

Fotografías



Detesto ver caer a las personas que quiero.

Verlas hundirse sin remedio.

No poder hacer nada. No poder salvarlos.

Saber que mi mano no es tan fuerte como creo, que a veces no basta con ella para aportar seguridad a alguien.

Saber que he perdido una guerra en la que por mucho empeño que ponga todo estaba ya decidido.




Y es que a veces no basta con querer.



A veces la vida nos vuelve de piedra. Nos anula. Nos aniquila.




A veces todo es un espectáculo al que no estamos invitados.

Una obra en la que solo somos espectadores.










Simples visitantes de un país del que únicamente nos podemos llevar un par de fotos.
















Y yo daría mi vida por poder cambiar el rumbo de las escenas que se reproducen en esas fotografías.












Pero ni eso bastaría para cambiarlas.

lunes, 11 de julio de 2016

Una de esas chicas








Yo tambien he sido una de esas chicas que se han subido al coche de un extraño.
Una de las que se han buscado en los gemidos de un perfecto desconocido un día cualquiera cambiando saliva y sudor por un calor momentáneo.
Esas cuya falta de ropa justifica la falta de sensibilidad y cuya mirada es un lanza llamas que aviva los pastos menos inflamables. De las que prefieren dormirse con la luz de la luna como único espejo.



Yo podría haber sido una de esas chicas que nunca llegan a casa. Para las que una simple mirada o contacto es sinónimo de agresión. Esas que mueren con su ser atragantado por un brutal y despiadado juez humano que hace a la vez de dios omnipotente y de depredador.
Podría haber sido una de esas chicas hecha todo rasguños y moratones, con su sexo sangrando de dolor y rabia, con el alma rota en mil pedazos.
Esas que alimentan el asfalto en las cunetas, únicas musas del silencio, condenadas por una sociedad enajenada.
Y se bien que los mismos que nos lloran con lagrimas de cocodrilo a veces tambien nos condenan, nos censuran, nos juzgan con su conciencia de segunda mano.
Y se muy bien que es necesario que en cada juego de manos halla una victima y un villano.
¿Pero que pasas si condenas una violación mientras llevas años justificándola?
Todos lloran a la pobre chica que inunda las noticias.
Aquel cordero inocente que tomo el autobús equivocado de vuelta a casa.
Nadie llora por las mujeres que se condena a muerte cada día solo por creerse capaces de ser sin necesidad de tener al lado a alguien que las aliente.
La diferencia es clara.
Tu lloras por ellas. Yo lloro junto a ellas.
Y escribo esta historia porque no podrían escribirla aunque quisieran.
Por que el mundo entero ha hecho que se les acaben las letras.
Y a veces me acuerdo de ellas y siento un nudo en la garganta.
De todas esas putas muertas. Tan tuyas y tan mías. Tan nuestras.
A las que el nacer se les resolvió como herida permanente.


Que no nos lloren mas con sus lagrimas de quita y pon. Que solo quieren vernos cuando llenamos de sangre y barbarie sus pulcras y decentes aceras.
Que nadie nos mire con aprehensión caer al vació porque piensen que hemos obtenido aquello que perseguíamos.
Las agresiones sexuales no se justifican con la falta de ropa o el exceso de ella. No son admisibles por un contacto visual o físico. No se sostienen por la sexualidad o la actitud de una persona.
Que nadie esta buscando que un grupo de seres desalmados se hundan en su ser hasta saciarse y le inyecten su bilis.
Que todos somos cómplices cuando pensamos y justificamos que aquellas pobres chicas se lo estaban buscando.

Y es que en el fondo casi todos somos culpables de haberlas matado.
Porque esos monstruos los ha criado gente común que se escandalizaba con la moralidad ajena.
Gente que pensaba que a partir de las cuatro de la mañana todo estaba permitido y que una decisión puede marcar o truncar el rumbo de una vida.
Que a esos violadores, a esos asesinos abyectos y sádicos los hemos parido y lanzado al mundo. Los hemos criado. Les hemos dado un beso de buenas noches y los hemos mandado fuera una noche. Esperando que se diviertan y que usen el cuerpo del otro para escribir la lección que tantos años les ha costado aprenderse.
Esa que con tanto ahincó se les ha mostrado.
Porque los monstruos de ahí fuera no existirían si no los hubiéramos alentado.
Porque tuvieron a alguien al lado que le dijo lo putas que eran esas chicas, lo poco que les importaba vivir. Lo mucho que merecían ser desterradas a ese mundo de olvido donde sobran motivos y faltan justificaciones.



Así que abrazadlos.
Algún día los mirareis con desprecio cuando nuestra sangre salpique vuestras camisas limpias, cuando os pintemos de rojo los costados.


Y nos recordareis como aquellas pobres chicas que siguieron el camino equivocado.

sábado, 9 de julio de 2016

Cuando no me ves






Traspaso paredes, quiebro los muros. Me convierto en aguacero torrencial que se filtra entre las grietas.
Escalo pendientes que amenazan con menguar mi fuerza solo por sentir el vértigo vibrando en cada poro de mi cuerpo.
Cuando no me ves convierto la carcajada en llanto y me sorprendo gritando palabras en hojas de papel que luego quemo.
No se porque. Tal vez me enamoro aquella primera combustión que incendio todas las verdades que creia conocer.
En el fondo siempre he sido esa niña que prendía fuego a las letras tristes por no tener que vomitarlas a la mañana siguiente y despertarse con su hedor.
Cuando no me ves soy eco de una voz mas fuerte. Hago de mi flaqueza una sombra que me persigue pero no me alcanza. Que no consigue exterminar mi fortaleza.

Despierto ciudades dormidas que bailan al son de mi palpitar, que se convierten en amantes que juegan a ver quien se consume antes.

Cuando no me ves brillo. Y me oscurezco.  Soy luz y tinieblas. Soy la cumbre de una plenitud.


Cuando no me ves vivimos en sueños de países extraños donde desenterramos el verbo amar.


Hacemos de la esperanza una trinchera y nos aferramos a simples destellos de genialidad.



Cuando no me ves soy tan fuerte que podría prender fuego a toda la basura que ahí en esta ciudad.


Me desmaterializo a cada calada de vida, emigro de mi piel y me convierto en otra cosa.

Engullo letras mudas que le toman la medida a tus silencios y se posan en tus ojos creando tormentas.

Cuando no me ves estoy un poco mas destrozada. Soy un poco mas autentica.
Me atrevo a jugar con mis tinieblas.


Cuando no me ves soy un cuadro de Hopper.
Sentada en el borde de la cama de una habitación de hotel. Con el tiempo balanceándose en mis pestañas. Mirando hacia un punto lejano del horizonte. Descargando estaciones en el barniz de la pared. Dejando que la luz que se filtra en las persianas juegue con mi piel.
Esperando que el sentir sea una de esas estaciones de aduanas donde otros bloqueen tu camino cuando vengas a doler.

lunes, 4 de julio de 2016

Un buen hombre






Por primera vez en su vida pertenecer al regimiento de infantería le hizo sentir  miserable.
No había escogido ese trabajo por las pocas ofertas laborales que le habían ofrecido ni por su precaria situación económica. El estaba hecho para ver a todos aquellos pobres diablos expirar bajo su mirar impasible.
Sus rezos de ultima hora , los gritos viscerales, las falsas palabras de afecto fingidas que le dirigían.
Le gustaba verlos quebrarse. Desmoronarse. Disfrutaba cuando se orinaban encima, cuando se desplomaban ante su indiferencia, cuando enloquecían ante su visión.
Mentía a todos sus conocidos diciendo que se vio obligado a tomar aquel empleo despiadado. Fingía cuando abrazaba a su mujer por la noche y le decía lo ruin que se sentía en algunas ocasiones.
Nunca se había sentido miserable. Cada vez que apuntaba el gatillo hacia aquellos hombres, mujeres y niños algo dentro de el crecía y se expandía. Su propia vida, su miseria personal, el hecho de vivir en aquel piso pequeño rodeado de ratas, la infelicidad que le producía haber sido emparejado con una desconocida a la que solo le unía una noche de deseo y aquel horrible bebe que no paraba de llorar . Todos los malos momentos de su vida se difuminaban ante aquel desfile de dolor y su propia tristeza parecía disminuir.
Lo había comprendido en secreto hace años cuando le deseaba el mal a los vecinos a los que saludaba sonriente. Cuando soñaba con que sus compañeros de clase tuvieran peores calificaciones que el. Cuando sus mejores amigos le contaban lo bien que se lo habían pasado el fin de semana y su único deseo era que vinieran acompañados de desdichas, de tragedias, de muerte.
Habia matado antes sin saberlo .Porque se puede matar de muchas maneras, a veces sin que sea necesario apretar el gatillo. A veces sin saberlo.
Con silencios y con miradas cargadas de afecto prefabricado. .Destrozando a esas personas en su mente. Las había despojado de la felicidad porque era un bien que nunca supo compartir.
Su tristeza solo era posible si el mundo entero era triste. Si lloraba con el.
No sabia como combatir la felicidad.
Todo fue bien hasta aquel día.
La chica tenia dieciséis años y era hija de un comunista. El y sus compañeros del peloton de fusilamiento siguieron el protocolo. Primero sus compañeros fusilaron a los pequeños de la familia. Dos niños de seis años. Estaban fuertemente agarrados a las manos de sus padres cuando se desplomaron en el suelo. La madre tambien callo sobre sus cuerpos como si ella hubiera recibido el impacto de las balas. Su cuerpo que siguió con vida durante unos segundos había expirado en aquel mismo segundo. Luego liquidaron al padre que miraba impasible hacia su verdugo, tal vez intentando buscar una emoción en su rostro que le permitiera empatizar con su sufrimiento.
La chica fue la ultima. Ese era su disparo en esta ocasión. Sabia que en su rostro podría leer todo el dolor de lo acontecido, que se contorsionaría en una espiral de locura y autodestrucción. Que la perdida y la ira se manifestarían en cada uno de sus gestos.
Pero no. Aquel cuerpo no respondía. Estaba rígido. La chica lo miraba fijamente pero no habia tristeza en sus facciones.
Una sonrisa gigantesca acompañaba su cara. Una mirada desafiante. Llego incluso a reir a carcajadas en aquellos momentos.
Debía estar loca. No lo comprendía. 
-Míralos- le dijo
-Míralos desgraciada, están todos muertos.
Pero ella no dejaba de reír y de sonreirle. 
Por primera vez en dieciséis años se le quebraba la paciencia. La mano le temblaba. Sus compañeros lo  miraban sorprendidos, intentando preguntarse que estaba pasando. Finalmente Sean que había disparado al padre liquido a la chica.

Aquella noche no pudo dormir. Su mujer le pregunto como había ido en el trabajo y por respuesta se encerró en en un cuarto en el que estuvo varios días. Cada vez que recordaba esa sonrisa sentía una sensación que le oprimía el pecho y le dejaba sin respiración.
El vencedor estaba vivo y debería regodearse en su buena fortuna.
Pero desde el momento en que la carcajada se disparo había sido una bala que se le incrusto en el alma.
Nunca en todos sus años de trabajo le había pasado algo así.
Aquella sonrisa era la victoria de todos los vencidos.
Porque la felicidad es un arma que los que nos quieren ver hundidos no entienden.
Porque la felicidad puede hacer a los que tienen egoísmo y deslealtad alojada en las entrañas desangrarse en un solo segundo.


Porque alguien había muerto pero aquel día el fue  el vencido.


El único vencido.

viernes, 24 de junio de 2016

Bienvenido al futuro






No habrá mas jirones del pasado con los que envolvernos cuando el frio de la noche nos sacuda de madrugada.
No escalaremos mas esa rampa llamada mañana en la que bajamos y subimos constantemente por el mero hecho de dejar de creer en nosotros mismos.

Vamos a dormir abrazados solo a este presente. Este que puede parecernos cada día mas lejano pero que configura todo lo que somos. Todo lo que tenemos.


Por que el ahora debe ser el único momento en el que vivamos.


Porque solo somos cuando dejamos de ser.
Cuando esa percepción que tenemos de nosotros mismos se difumina.
Cuando las expectativas de los demás no definen en lo que nos convertimos.



Cuando la sonrisa nos viste y guardamos debajo del almohada cientos de tickets de felicidad inalterable.

Por  precaución. Por si acaso viene el dolor a tocar  la puerta.



La próxima vez estaremos mejor armados. La próxima vez no oiremos su llamada.





Estaremos fuera , empapandonos de esa lluvia que es el ahora.
De ese momento que no cesa.





Estaremos viviendo hasta quedarnos sin fuerzas.