sábado, 7 de diciembre de 2013

La vida no es uno de esos dialogos





memorables de película
Como mucho mantenemos esporadicamente placenteros soliloquios con el sol menguante del atardecer apurando el ultimo rayo como calada que nunca calma la ansiedad de sentir que el ultimo atisbo de luz se escapa de nuestro cuerpo celeste haciendo resaltar nuevamente nuestros claroscuros mas intensos.
Pero lo que nos ilumina no es la luz; es toda esa oscuridad.
Puede que sea difícil o complejo de explicar.
Pero es la oscuridad lo que embellece a todos los que entrecierran los ojos sintiendo con desesperación como el ultimo destello de luz escapa a una estación lejana.
Es el mismo gesto y la misma tensión dramática aferrada tanto a rostros conocidos y entrañables  como a personajes anónimos y vacíos.
Sin embargo no.
Esta vida no nos va a dar la posibilidad de desarrollar grandes diálogos tan grandilocuentes como el cine.
Pero de vez en cuando. Cuando la luz abandone nuestros cuerpos, nuestra propia oscuridad sera la materia mas interesante que podremos ofrecer al mundo.
Y eso es parte de un dialogo mudo del que solo los buenos observadores pueden enhebrar palabras.
De eso esta hecho el cine, la poesía y el arte.
De la materia gris y tenebre de cada uno de nuestros silencios que es capaz de irradiar un menguante rayo de luz en cualquier materia, cualquier cuerpo.
Porque aunque intenten robarnos todo lo que poseemos; nunca nos podrán arrebatar el momento donde el atardecer cede a la noche.
El momento donde lo que somos trascenciende y aunque el rugido animal que posee a otros nos desgarre, nuestro silencio siempre sera el grito mas fuerte.


Y aunque la política hoy día sea terrorismo de estado y amenace con llevarse en su ambiciosa carrera nuestros sueños, nuestras trincheras están echas de acero.
Nuestras trincheras no las quiebra ni su ambición ni su estadística.
Su credo de come, duerme , muere se ha olvidado de lo mas importante: vive.
Vive hasta que no te quede aliento.



No hay comentarios:

Publicar un comentario