domingo, 23 de noviembre de 2014

Sobre dioses, héroes y hombres





Cuando llegaron al hospicio simplemente dijeron- esa- esa de ahí.
Y la monja les dirigió con premura hacia ella y le dijo a Triskha con una sonrisa triunfal: Has tenido mucha suerte, esta familia te va a colmar de cosas pequeña. Desde hoy no te faltara nada, hace años que son nuestros benefactores. Todo sera diferente.
Y realmente ella se propuso pensar desde ese minuto que todo seria diferente. Lo pensó de veras con verdadero interés concentrándose solo en esa idea. En la idea de que podría dejar al hospicio de lado, con su silencio y su frió glaciar, con su cercanía que en realidad solo era lejanía inmediata.
La familia que la adopto era muy importante en aquella ciudad. El padre era un reputado empresario , la madre donaba gran dinero de la fortuna familiar a numerosas causas benéficas y su nombre estaba presente en cada recorte de prensa que hablaba de solidaridad y entrega para con las clases bajas.
Sin embargo el silencio del hospicio la persiguió y se instalo en las paredes de la casa, convirtiéndose en parte del mobiliario. Descubrió que las buenas maneras son eso, solo buenas maneras pero que la realidad es bien distinta.
A veces cuando tenia pesadillas y mojaba la cama intentaba colarse en el cuarto de sus nuevos padres pero la mujer la echaba cuando veía su rostro cabizbajo tras la puerta. Decía que los adultos nunca debían ser molestados con chiquilladas y que el sueño de su marido necesitaba reposo.
Vivían en una finca donde ella trabajaba arduamente desempeñando tareas de hombres porque pese a tener dinero para contratar mano de obra preferían ahorrarsela de algún modo. Los hijos mayores se habían independizado y solo se les veía aparecer por allí cuando el padre tenia una importante entrevista . Y era en esos precisos momentos en los que la gélida y distante familia se volvía sonriente y desenvuelta ante los flashes.
Se avecinaban tiempos de guerra, tiempos de incertidumbre mezclada con polvo y sangre.
Un día la guerra de la que les llegaba eco en las noticias les sorprendió en la iglesia donde acudían semanalmente.
Estaban rezando el padre nuestro y se empeñaba en mirar sin horror aquella imagen del redentor. Es curioso que un ser que lo había dado todo para salvarlos los mirara así, les dejara esa expresión como ultimo mensaje. Una expresión de profunda pena y pánico que parecía decir: vosotros me habéis condenado, ahora solo os queda rezar para mi salvación en otra tierra ya que en esta vuestras plegarias nunca llegaran a mis oídos.
Pensaba en eso cuando de repente el griterío de la calle interrumpió sus cavilaciones. La madre miro angustiada hacia la puerta, mientras el padre telefoneaba un numero con nerviosismo. El párroco había dejado de leer las escrituras y ante la alarma de sus fieles les decía que no tenían de que preocuparse, la guerrilla no llegaría hasta la iglesia.
Todos se quedaron en silencio hasta que un ruido atronador, el forcejeo de aquellos hombres contra el portón les hizo salir despavoridos en una huida infernal buscando refugio.
Cuando se quiso dar cuenta el padre y la madre habían desaparecido y el miedo la invadió como nunca antes lo había hecho.
Allí congregados había mas de 40 hombres, mujeres y niños. Algunos hombres habían optado por la vía rápida y se habían quitado la vida ante la mirada de pavor de las mujeres y los niños, uno de ellos según lo averiguaría  mucho después fue su padre.
Otros esperaban en la puerta pistola en mano aun a pesar de saber que su resistencia seria inútil.
Las mujeres y los niño habían buscado escondrijo y se resguardaban en la sacristía. Apretujadas, como podían, sofocando los sollozos de los niños y su propio malestar. Allí estaba su madre, pero hacia rato que habían cerrado la puerta porque no cogía ni un alma  y con el estrépito y el miedo general se habían olvidado de buscarla.
Se estaba haciendo tarde y no encontraba un lugar donde resguardarse por lo que fijo la vista en un armario y pensó que seria un escondite ideal dadas sus menudas proporciones. Cuando fue abrirlo descubrió al párroco dentro, encogido de la forma mas absurda, temblando y agarrando con las dos manos el rosario.
Shhhh- no hagas que me descubran niña- vamos esto esta lleno de sitios, busca cualquier otro y recuerda que dios siempre esta contigo. El te salvara, pero por favor guarda silencio y no me delates.
Y la empujo a un lado con la pierna.
Tuvo que buscar un sitio donde refugiarse rápidamente y decidió que el púlpito seria un buen lugar por lo que encogió su cuerpo allí , de cara al altar.
De repente ceso el forcejeo y el silencio anterior se convirtió en un desfile de griterío y exaltaciones de jubilo.
La guerrilla estaba allí.
Le sorprendió descubrir que se había orinado encima pero la verguenza  por aquello fue  encubierta por el pánico que sentía en aquellos momentos.
Los soldados primero acabaron con los pocos que les plantaron resistencia en la entrada y despues volaron las cerraduras de la sacristía.
Se oían gritos de mujeres y niños, con el tiempo encontraría expresiones para traducir todo aquel horror. Las madres imploraban que dejaran en paz a los niños pero para aquellos hombres una mujer valía el doble cuando todavía conservaba su pureza.
Descubrió con horror que muy cerca de donde se encontraba había llegado un soldado raso.
Primero se detuvo a mirar la escultura de cristo con cierto cinismo y luego releyó algo en las escrituras. De repente sus ojos como las alas de una mariposa descendieron hacia arriba para acabar posándose en ella. Al principio de un modo poco significativo pero luego con gran interés. Ella le miro con una mezcla de asombro y terror. Era un hombre joven de no mas de 30 años. Llevaba un uniforme militar llena de ceniza y polvo y bajo el polvo asomaban varias condecoraciones. Tenia aspecto de provinciano con la cara salpicada por pecas y el pelo color rubio ceniza que contrastaba con sus ojos grises.
Sergey- le dijo uno- ven a divertirte con estas, ¿ o es que has encontrado algo mejor?
El le miro vacilante y le hizo una señal de negación a su compañero.
-Había que prenderle fuego a esta iglesia después de darles lo suyo a estas, ¿no crees?
-Lo único que creo- respondió con voz seca y áspera- es que el teniente necesitara saber nuestro avance y no ahí tiempo que perder llenando mas tierra de sangre.
La miro de nuevo con un gesto de pena acompañado de una sonrisa tímida  que intentaba esconder lagrimas que le iban resbalando de los ojos y se llevo el dedo indice a los labios como para exhortarla a que callara.
Ella guardo silencio y observo como se iba.
No quemaron la iglesia pero cuando por fin se marcharon dejaron una estela de cadáveres de hombres, mujeres y niños a su paso . Lo descubrió dos días mas tarde cuando se atrevió a salir de su escondrijo.
El párroco había sobrevivido y estaba agarrado a los pies de la escultura de cristo exhalando lastimeros gemidos.
Un milagro- chillo cuando la vio- te dijo que cisto te salvaría, un pequeño milagro entre tanta desolación a la que nos hemos visto sometidos ( dijo entre sollozos)
Pero ella siempre supo que cristo no la salvo. Que solo fue un hombre, uno de carne y hueso. Uno de los que acompañaba a aquellos monstruos que algún día fueron seres humanos y a los que la guerra había despojado de esa condición.
¿ pero no hacia la guerra monstruos a los menos pensados?
No, aquel fue un héroe. Un héroe que luchaba en el bando equivocado pero al fin y al cabo un héroe.
Y era fácil discernir cuando un hombre se convertía en un héroe. Ocurría cuando descubría que pese a  poder elegir vestirse con la misma piel del demonio podía concebir un poco de piedad en sus entrañas.
Y el proceso ocurría sin mas, era de esas noticias que no salen en los periódicos porque no interesan, porque no venden, porque a nadie le gusta plantearse la condición humana.
Era uno de esos cadáveres que dentro de unos días engrosaría un numero mas en las bajas y acabaría apilándose entre tantos otros, sin distintivo, sin reconocimiento.
Porque en la prensa, en la historia, solo recuerdan los nombres de asesinos y de falsos cristianos.
Los nombres de los héroes. Esos solo se escribían en las retinas de los que vivían para contarlo.
Y los ojos. Los ojos hablaban un lenguaje que no cualquiera entendía ni quería comprender.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Semaforos





Había personas que eran como un semáforo y valía la pena cruzarlas en rojo.
Valía la pena que lo arrollaran a uno y lo dejaran sin conocimiento, totalmente desorientado.
Había personas que eran como semáforos y llegaban sin previo aviso cuando uno ya se había acomodado a un color, cuando había dejado de esperar que algo sorprendente ocurriera.
Eran como esos libros que pasas buscando toda una vida y que de repente te encuentran para salvarte, para arrancarte de la miseria de los días y elevarte por encima de todo lo que te degrada con la fuerza sorprendente de una frase.
Esas eran las personas que uno debía dejar de buscar, por que al final son ellas las que te encuentran, intercediendo en el movimiento, en el estado de animo,en la interminable espera de lo inesperado que nos depara la vida.
Estaban ahí fuera escondidas entre las sonrisas de cortesía y las palabra que arañaban los sueños como cuchillos.
Y aunque esta ciudad nos estuviera robando el alma y tuviéramos que buscarla en los cafés o en los atardeceres al final llegaba alguien que nos aceptaba huecos y vacíos.  Que venia para resucitarnos.
Me dan miedo los pasos de cebra, me acobardo cuando veo un semáforo.
He perdido la consciencia demasiadas veces como para recordarlo, he sentido agolpados en la sien los restos de ilusiones que había construido con mucho esfuerzo.
Pero al final la vida es solo eso.
Perderse en ciudades nuevas, buscarse en las frases de libros que otros han cedido con indiferencia y que tienen el poder de rescatarnos, cruzar, cruzar semáforos.
Atreverse a dar el paso.
Porque aunque perdamos la consciencia mil veces la vida siempre nos tiene reservadas cosas sorprendentes.
Y por la persona adecuada cruzaría el semáforo en rojo. Dejaría que me arrollaran mil autobuses. Me inmolaría con un solo paso.
Cruzaría el semáforo, cruzaría el semáforo.


Porque ahí quien vale la vida misma y vale la pena dejarla suspendida en un hilo para encontrarlo.


Y en el fondo aunque me creas una cínica si soy tan pobre es porque he dado hasta el ultimo aliento que guardaba para calentarme cuando todos los abrazos sean Invierno.
Y me da igual morir de frió si con ello persiga la sombra de algo cálido.
Me da igual perder, perderme si en el fondo creo que puedo salir ganando.


Porque para jugar en esta vida hasta cuando uno pierde debe creer que sale ganando.

jueves, 6 de noviembre de 2014

La ley del palpito

Soy un pez en una bolsa de agua.
Boqueando, luchando por respirar, por ser como todos vosotros y llamar a esto vida.
Soy un pez en una bolsa de agua.
Y tal vez este mar que me vio nacer y ahora solo es orín y excrementos sea lo único que quede de mi.
Y intento respirar pero me ahogo.
Y siento que alguien me zarandea y me lleva de un lado a otro.
Por mas empeño, por mas énfasis con el que recargue mi estoicidad ahí fuerzas incomprensibles y totalmente ajenas a mi que manejan mis movimientos y me hacen el bufón de una historia donde debía ser solo el héroe.
Soy un pez en una bolsa de agua.
Y nadie me puede explicar porque me muero de sed si estoy rodeado de agua.
Soy un pez en una bolsa de agua.
Y aunque a veces las paredes de esta realidad que es la mía me parecen mi casa no lo son. Y aunque a veces pase un tiempo pensando que esto que veo nítido, estable y seguro es mi hogar me equivoco. Yo no tengo hogar.
Nací libre sin pertenecer a ningún sitio, sin pertenecer a nadie.
Ese es mi don, esa es mi condena.
Pero es muy cruel que este mundo se tan nítido, que a veces el velo oscuro de lo que esconde sea tan transparente.
Porque uno cree que ya ha llegado al sitio al que pertenece y tiene que marcharse aun antes de deshacer las maletas.
Soy un pez en una bolsa de agua.
Y me miras y ves mi angustia pero realmente nunca podrás sentirla porque la angustia es una droga de la que todos hablan pero que pocos sienten.
Soy un pez y me estoy ahogando en mi propio vomito y nada de lo que diga ni de lo que haga podrá cambiarlo.
No puedo lanzarme al vació, no puedo oscilar en la pendiente, no puedo simplemente dejar de pensar en ello.
Puedo pasar años sin darme cuenta pero cuando pasa el tiempo y cuanto mas camino, cuanto mas me muevo, mas caigo en la cuenta de que me estoy ahogando, no pertenezco a este sitio.
Lo único que me impide evaporarme es el estúpido sonido de mi corazón que como un tambor resuena con mas fuerza a cada segundo que pasa.
Y yo le digo shhh guarda silencio, no nos dejas dormir, estúpido, todo esto es problema tuyo, ¿porque latirás tan rápido?
Pero mi corazón es como un ejercito de soldados moribundo y nunca se rinde. Aunque tenga la sangre anudada como un cordel en los ojos.  Y mi corazón es necio y sordo y ha dejado de prestarme atención.
Tal vez por eso cuando la muerte llego a la sala de partos para anunciarme su presencia constante en la vida lance ese grito y aquellos berridos de protesta.
Y desde entonces por mucho que me ahogue no ahí día que no siga gritando.

viernes, 31 de octubre de 2014

El tigre en la nieve





Cuando ella estaba muriendo y sus recuerdos se escapaban como gotas de agua en la lluvia solía contarle cosas como aquella.
Le decía que había un animal salvaje que la acosaba constantemente en sueños. No le tenia miedo pero no entendía su presencia en aquel rincón lejano que se había convertido su mente.
Era un tigre, un fastuoso y bello tigre en la nieve.
Estaba tan lejos de todo, tan lejos de todos. Manteniendo su fortaleza en un lugar que le era del todo lejano y extraño en un hábitat en el que no podía sobrevivir.
Ella escuchaba paciente hasta que se acababa su turno pero aquellas historias siempre la dejaban fascinada.
La señora Rocher tenia alzehimer y estaba en las ultimas. Su hija no soportaba verla en ese estado y no podía cuidarla, por eso la llevo allí. Apenas la visitaba. La señora Rocher solo tenia una hija, cuando la ingresaron en el centro solía contarle que en realidad tenia cuatro hijos pero tres de ellos nacieron muertos. La señora Rocher tuvo tres abortos y siempre recordó con mas fuerza a esos hijos cuya vida había expirado en sus manos que a la que había alimentado con su tristeza.
Siempre había divagado pero en los últimos momentos la visión de ese animal se acentuó y se convirtió en lo único de lo que hablaba, en lo único de lo que tenia una conciencia real.
A veces olvidaba su nombre y su historia pero siempre recordaba al fiero tigre, al tigre en la nieve, que andaba con sus pesadas pezuñas intentando buscar algo con lo que alimentar su espíritu.
-Todos piensan que el tigre es el animal mas fuerte- le solía decir
-Pero no es así, el tigre es un animal que ha indagado en sus tinieblas. Un animal que vive con la muerte, que sobrevive a costa de llenar sus fauces de sangre para mantenerse con vida otra mañana. Lo ves y piensas que es indestructible, que nada ni nadie puede plantarle cara. Pero de repente una bala perdida que impacta en su cuerpo lo convierte en polvo y ceniza. El tigre es un animal inmensamente fuerte pero su fuerza esta hecha de vulnerabilidad.
A menudo los animales que parecen los mas fuertes son los mas débiles, los mas frágiles. Porque hoy en día nada esta seguro. Por eso el tigre me acosa constantemente y se me presenta en esa neblina. Y yo quiero arrancarlo de aquella nieve pero no puedo. Me mira con sus ojos ajados, me suplica que lo aleje de todo aquello. Lo veo tendido en el suelo y cuando voy a acercarme ambos nos hundimos en la nieve. Y entonces el blanco lo envuelve todo.
Nunca llego a comprender de todo a la señora Rocher pero cuando murió llego a acercarse un poco mas a ella. Cuando tuvieron que asistirla en las ultimas horas llamo a su hija pero esta solo llego para llevarse el cadáver de su madre con una mirada hostil.
Cuando paso una semana después del velatorio y estaba cambiando las sabanas encontró un dibujo debajo de la cama. Era un fastuoso tigre en la nieve. En la solapa llevaba la firma de su hija.
Entonces lo supo. Supo con total certeza y naturalidad que a ambas las había perseguido ese maravilloso fantasma que era el tigre en la nieve.
Desde el inicio de sus días  hasta el final.
Porque ahí fantasmas que aunque nunca se materializan  en la carne  siempre están presentes en cada sonrisa y en cada lagrima, en cada mueca de desaprobación.
En la sangre, el esperma y el sueño.

Recomendación especial





Hoy os vengo a hablar de una de las películas mas bellas y terribles que he visto. De una belleza visual arrolladora, cada maldito fotograma era una poesía, cada escena hacia que algo dentro de ti resurgiera.
''El árbol de los sueños'' de Tengiz abuladze es una película del 1976, increíble que en esa época un director plasmara con semejante maestría la critica social, religiosa y que ademas lo revistiera con esa forma de cuento de hadas oscuro en el que cada personaje es un protagonista indiscutible.
Podría hablaros de todos y cada uno de ellos.
Por un lado el anarquista que cree en un mundo mejor, ese ser cojuelo y vivaracho que lanza parrafadas proféticas y hace a los niños moverse con la fuerza de un ferrocarril. Ese paria al que todos tienen por un lunático. En esta misma linea se asienta el personaje de Falala, de belleza decrepita, un personaje que dice constantemente que una vez fue amado, un personaje que vive en un mundo lejano, un mundo al que no pertenece por mucho que lo intente enmascarar con los colores con los que dibuja su cara. Esa especie de bruja de la que todos se mofan por no haber conseguido un buen matrimonio, un ser al que tachan de antemano y que sin embargo demuestra llevar una vida mas integra que cualquiera.
Porque en esta película la aldea es el gran enemigo, el clero y su cruz son el mal. Dios nos ha abandonado y esta no se sabe donde. Tal vez en la belleza de contemplar como se apaga la vida de alguien amado o en el color rojo intenso de una flor que solo florece en primavera, en las caricias de dos jóvenes que se encuentran entre un caos y que intentan llegar a flote cuando se acerca un huracán que tiene como único objetivo matar la belleza y que se llama costumbre.
Porque es la costumbre la dueña de todos estos personajes que viven anclados en el pasado, consumidos por demonios que alimentan, poseídos por tradiciones arcaicas que los denigran y convierten su pureza en monstruosidad.
El campesino que pasa toda la película buscando el árbol mágico acaba por encontrarlo pero cuando se hace con el ya es demasiado tarde. Alguien lo ha talado. Lo ha arrancado de la tierra que amaba vilmente por no saber comprenderlo.
Porque como el no cesa en repetir cuando quieres agarrar una rosa tienes que aguantar las espinas.
Pero los pueblerinos no saben apreciar la belleza, tienen el secreto para conocerla en la palma de las manos pero la matan. La aniquilan.
Y por eso obligan a Marita a casarse con un hombre que la martiriza.
Y por eso luego la condenan por querer aprender a amar o a soñar.
Es increíble que la belleza surja en ambientes tan hostiles.
En charcas, en sitios llenos de podredumbre, miseria, desolación, crueldad.
Bajo reyes y religiones vacías y suicidas.


Pero la belleza es así. Emerge cuando menos te lo esperas.

Y de repente encuentras en el barro una gema brillante que la única luz que puede alumbrarla es la de tu corazón. Y de repente descubres que también crecen flores bellas entre la maleza.
Malas hierbas. Las llaman.
En nuestra sociedad surgen en los edificios. Se rebelan a la dureza y la crueldad del granito. Hacen un camino surcando sus ilusiones y superan la frialdad del material que busca encerrarlas.
Las malas hierbas que algunos cortan, que algunos aniquilan con indiferencia.
Esas son las plantas mas hermosas.


Es una verdadera pena que esta maravilla de película no se conozca. Y por eso os la recomiendo, os la recomiendo encarecidamente. Porque es una de esas malas hierbas que tienen la fuerza de sobreponerse a cualquier estación. No os dejara indiferentes .
En serio no dejéis a esta joya de lado. Es una verdadera maravilla que muy pocos han tenido en cuenta, que ha pasado demasiado tiempo desapercibida. Como todo lo que acaba mereciendo la pena de esta vida.

domingo, 19 de octubre de 2014

Miradas hechas balas





Tenia uno de esos bracket tan graciosos pero apenas se le notaba porque había echo suya la costumbre de taparse la boca sonrojada cuando alguien le miraba los labios.
Su cara estaba cubierta de pecas y tenia un cuerpo esbelto y grácil pero apenas podía discernir entre lo que había sido su figura infantil y aquel cuerpo que había nacido tan de repente y que parecía un traje prestado que se había amoldado de manera inoportuna a su piel.
Ella misma desconocía su belleza pero en cuanto el la vio lo supo.
Bellezas como aquella no debían marchitar tan de repente. No debían cerrarse con la misma premura que una flor que una vez cortada envejece.
Se prendarían de su figura pronto tal vez en un par de años, de esos pechos que emergían de su camisa infantil y de su mirada cargada de lirismo.
Alguien le arrebataría la belleza de su inocencia con violencia y sin delicadeza.
Abultaría la estrecha linea de sus caderas y la llenaría con la pesada carga de nuevas vidas que derrumbarían los cimientos de la antigua solo para llevar al mundo un poco mas de desconcierto.

Tal vez por eso no pudo resistirse cuando la vio aquella tarde acercarse en su bicicleta con su vestido de flores. Sintió un impulso inminente que le hizo levantarse del sofá y acercarse a ella.
Estaba tan alegre mientras jugueteaba con aquellos dos niños tan rudos.
La miro fijamente a los ojos y carraspeo para denotar su presencia.
Para cuando llego los niños ya se habían marchado , presos de la llamada de sus madres que les regañarían por perder el tiempo mientras se suponía que debían estar en casa hace muchas horas.
Se había quedado sola y miraba con insistencia su reloj.
Si no hubiera sido por ese carraspeo apenas habría notado su presencia.
Lo miro con desdén y sus mejillas se apartaron con rapidez como si hubiera avistado un insecto.
El temblaba pero intento parecer sereno y seguro.
Le hablo de muchas cosas y la invito a esperar a su padre en casa.
Pero ella se negó. No debo hablar con extraños le dijo.



Tenia la misma incertidumbre dibujada en el rostro que le invadió a el cuando a los siete años el diacono Patters le hizo pasar a su cuarto después del sepelio.
La misma mirada de recelo dibujada en el iris, carcomiendo la voluntad con la misma rapidez que un virus. La misma mirada que era tentada al ver en el otro la sonrisa del redentor que busca salvar algo inmaterial y efímero que todos ven pero de lo que nadie es consciente. Una sonrisa que aguarda salvar la inocencia con depravacion solo por privarla del desgaste de los años, de la memoria..

-Pasa adentro, le dijo e intento enfatizar cada silaba como si las palabras fueran balas
-Pasa adentro por favor. En casa tengo un teléfono podrás llamar a tus padres.

Ella seguía mirando con desconfianza hacia el vació pero parecía haber convertido la duda en una posibilidad.


Entonces uso aquella mirada.



Uso la mirada cargada de confianza del padre Patters. Aquella mirada que a el que se había orinado encima cuando cerro la puerta le hizo perder el miedo.
Tal vez cuando el cuerpo esta tan maltrecho como el alma las miradas sean lo único que le puede insuflar algo de esperanza. Y es entonces cuando algo tan simple como una mirada puede convertirse en un discurso silencioso .

Se levanto mientras el sol bañaba sus piernas y asida a su mochila camino cabizbaja pero de repente un claxon sonó alarmante rompiendo la calma del momento.



-Allison, sube ahora mismo al coche


Elaboro una excusa algo precipitada que pareció convencer al padre y libero a la hija y camino hacia casa avergonzado. De nuevo avergonzado de aquel deseo que alimentaba cada uno de sus días pero que lo denigraba y lo convertía en un monstruo.



Al entrar en casa dio  de comer al gato que se restregaba contra la pernera de su pantalón con dulzura y tras haberlo dejado encerrado en el salón se dirigió rápidamente al cuarto. Cerro las persianas y apago la luz.

Aunque estuviera a oscuras sabia perfectamente donde había colocado la pistola y por eso no le sorprendió nada sentir su frió tacto junto a su piel.
Su madre lloraría mucho cuando por la mañana descubrieran su cadáver. Habían retomado el contacto años atrás después de que dejara rehabilitación.
Pensó en el padre Patters. El hombre que le había cosido con besos una maldición cuando tan solo necesitaba que ocuparan el vació que otros le habían llenado de carencias.
Y sin mas premura se voló la cabeza.

lunes, 6 de octubre de 2014

Mis dosis diarias.

Me he inyectado tanta indiferencia en las venas que me parece increíble que a veces tenga en los ojos algo mas que niebla y rabia.
Porque cuando la bondad te hace caminar a ciegas el caer al abismo solo te deja un golpe de rabia seca pegaba en el alma como un estigma perpetuo.
A veces he pensado en cambiar. Ser una persona peor. Ser alguien al que las desilusiones y las decepciones ya no le afecten, alguien a quien solo le llene lo peor de los demás.
El mundo no roba al que no tiene nada que ofrecer.
Pero por mucha indiferencia que me inyecte siempre intento que la niebla se aleje de mi cuando paso el mono. Y lucho y lucho contra ello.
Eso ahí que reconocerlo, soy una reincidente pero he intentado mil veces poder llegar a un nuevo  mañana sin la ansiedad dibujandome pesadillas en el iris.
Eso ahí que tenerlo en cuenta aunque todas las promesas de cambio que hago frente al espejo sean una mentira.
Aunque yo también sea una mentira muy elaborada.
He intentado curarme de esta terrible adicción que me hace volverme fría y dañina solo para seguir un día mas con vida.
Pero nunca consigo alejarla del todo de mi. Alejarme de ella.
Y acabo recayendo.
En cualquier rincón, en cualquier brazos, en cualquier rostro que me asegure arrojarme de nuevo al vació de los días, a la falta de existencia.
Porque mi vida ha sido todo andar en perpendicular, pero no seria nada ni nadie sin todas mis caídas.
Y eso es lo único que me impulsa a seguir cayendo.
Aunque mis brazos estén hechos de la misma carcoma que mi corazón.
Aunque cada dosis sea morirme un poco mas por dentro.